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  • Web premiada con el Premio Internacional OX

Nabil Mariana Grijalva Hinojos. Chihuahua, Chihuahua. 1987.

Periodista, narradora.



Formación académica:

  • Licenciatura en Letras Españolas en la Facultad de Filosofía y Letras, UACh. 2009

  • Titulación por medio de presentación de tesis, El plurivocalismo en la novela: Balún Canán de Rosario Castellanos.

  • Seleccionada para tomar el Taller de Periodismo de Paz impartido por la corresponsal de paz, Cristina Ávila Zesatti, en Fresnillo, Zacatecas.

  • Actualmente es alumna del segundo semestre en la Maestría en Humanidades. Facultad de Filosofía y Letras. UACh.



Investigación:

  • Investigadora adjunta de la Dra. Laurette Godinas en el Instituto de Investigaciones Bibliográficas, UNAM.

  • Investigadora adjunta de la Dra. María Rosa Palazón en el Instituto de Investigaciones Filológicas, UNAM. 2011.



Premios:

  • Ganadora del Premio de Periodismo y Literatura de la Asociación Mundial de Mujeres Periodistas en la categoría de Reportaje, por el trabajo La revolución insoluta: sin tierra y sin libertad.

  • Mención honorífica en el Premio de Periodismo y Literatura de la Asociación Mundial de Mujeres Periodistas, en la categoría de Crónica por el trabajo Memorias de la caravana del dolor y del consuelo. 2012-2013.



Actividades literarias y laborales:

  • Articulista de la revista local, Todo es Política.

  • Columnista del portal, Todo es Política.

  • Coordinadora de Comunicación Social de Coparmex Chih.

 

Muestra de obra:

Astronomía

Miranda Arándanos tomó Venus para referenciar su camino estelar. Miró detenidamente el palpitar de las inquilinas que noctámbulas vestían el orbe. Sus ojos sobresalientes como dos líneas orientales, saltaban entre los tintineos monocromáticos tratando de confundir y hacer perdidiza a quien osaba desvestirlas con su numeraria casual.

Comenzó por la derecha. Unió, sin menoscabo de olvidar a alguna, las que a su paso encontró. Pausadamente recorrió el mar atmosférico con intención de dibujar una ruta permanente; un futuro promisorio que le condujera a la verdad, que sedujera su vida.

Quería ser una pirata celeste y era el único momento para lograrlo. El cielo amenazó con dormir pronto.

Comenzó una a una a ver cómo saltaban, a contar lo que las azoteas y las nubes celosas no impedían. Caminó pacientemente, alargó sus coordenadas tratando de dibujar su propio plano cartesiano, su propia existencia que narró en un azul oscuro.

Sin rendirse, llegó el amanecer. Miranda Arándanos concluyó su encomienda con tristeza apenas con sus dos líneas visibles.

Determinó como astrónoma empírica, que a millones de años luz explotarían nuevos brillos para ser vistos, que en pocos días las chimeneas beberían el calor que de ellas emanaba y que su sed sería insaciable. Que en algunas horas las nubes guardarían codiciosamente los destellos más intensos para su búsqueda y que tendría que empezar nuevamente porque el sol, con su porte viril y autoritario, las tomaría agresivamente, las haría suyas para soltarlas como cada noche cual mujeres casquivanas.