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  • Web premiada con el Premio Internacional OX

Jéssica Hernández Flores. Hidalgo del Parral, Chih. 1991.

Dramaturga.

 

Formación académica:

  •  Bachiller en Artes y Humanidades, Centro de Educación Artística David Alfaro Siqueiros. 2007-2010.
  • Licenciatura en Teatro, Universidad Autónoma de Chihuahua, 6° semestre.

  • Mimo, Grupo independiente de teatro callejero, 2009.

  • Actriz, Colectivo Pariendo la Luna, Agosto 2010.

  • Taller de improvisación, maestro: Fabián Garza. ImproTop. Chihuahua, México. Octubre. 2010.

  • Taller de cine “Mirar y Escuchar”, maestro: Jorge Prior– Festival de Marzo, Facultad de Artes. Chihuahua, México. Marzo 2011.

  • Taller de dramaturgia “Los cinco sentidos del drama”, maestro: Nicolás Dorr –Festival de Marzo, Facultad de Artes. Chihuahua, México. Marzo 2012.

  • Taller de actuación “El actor auténtico”, maestro: Jorge Celaya. Chihuahua, México. Septiembre 2012.

Muestra de obra: El arroyo seco

 

Escena 1

Fachada de un vecindario. Tres casas, un callejón y una loma que se extiende con más casas y algunos cascarones de coches. Dos casas están construidas con láminas, una de ellas de adobe con cartón, con paredes de manchas varias. Afuera de cada casa hay pilas de botes de plástico y aluminio, basura y muchas cubetas llenas de agua. Si el público es buen observador, notará que dentro de una de estas cubetas asoma un pequeño pie. Un piecito arrugado y muy blanco. Por la puerta de la casa de cemento asoma la cabeza una mujer mayor


CONCHITA: Jesusito… Jesusito… (Llama con más fuerza) M’ijo, Jesús…¿’onde andas? (Se acerca a una de las casas) Toña, no encuentro a mi chamaco.

TOÑA: (Desde el interior) Ay le voy Conchita. (Mientras sale) ¿Cómo no lo haya?

CONCHITA: No oiga, ¿a poco no lo ha visto? No me diga eso, si ya hace rato que no lo veo.

TOÑA: Se ha de haber quedado dormido como la otra vez, ¿no? Ya ve que así son de chiquitos, no aguantan tanto l’hambre.

CONCHITA: Pos sí… pero a que ni sabe qué. Ya junté lo de su pastelito, pa’ que se venga mañana a comer con nosotros. Ya cumple un año el condenado, me di una friegota pa’ conseguir todo sin quedarnos tan de a tiro muertos de hambre.

TOÑA: ¿A poco Conchita? ¡Gracias a Dios, oiga! Tan siquiera que pruebe el pastel la criatura. Ya me lo imagino, todo embarrado de las manos y la boca, riéndose el chamaco. Tan bonito ese cabrón. ¿Sabe qué? Se me hace que era él el que andaba jugando ahorita con las latas, ahorita escuché un relajo. Ha de estar por aquí, deje le ayudo a buscarlo.


Ambas mujeres buscan entre las latas, lo llaman por su nombre. Lucen despreocupadas. Se acercan a las cubetas

CONCHITA: Condenado mocoso, ya me está asustando. Se me hace que se escondió a propósito porque le dije que lo iba a bañar.

TOÑA: ¿A poco no le gusta el baño al cabroncito? (ríe)

CONCHITA: Pues sí le gusta, nomás que le gusta que le de carrilla… casi casi se mete solo a las cubetas. Si nomás porque le pego no lo hace (Ríe)

TOÑA: Que se me hace que nomás espera a que lo descuide pa’ meterse a bañar el canijo.


Ambas mujeres sueltan risillas, pero poco a poco se apagan. Se miran a los ojos con un gesto que lentamente se agrava. Conchita corre hacia las cubetas y finalmente mira aquella que tiene el piecito. Ella grita mientras cae un oscuro


Escena 2


Noche. Toña y Socorro toman el fresco afuera de la casa de la primera, sentadas en una silla de coca-cola y en un bote de pintura volteado


SOCORRO: ¿Y apoco usté vio todo? Que gacho, Toña.

TOÑA: Estaba blanco, blanco. Con la boquita y los ojitos moraditos… tan chiquito, tan bonito. Siempre riéndose la criatura… Y ahora mire nomás… Pero Dios hace las cosas por algo, m’ija. Yo estoy segura de que Diosito se lo quiso llevar al cielo pa’ que ya no pasara hambres. Pero ya está bien… ya está bien…

SOCORRO: No’mbre… ¿cuál bien? ¿Y Conchita qué? No ha comido nada la pobre desde l’otro día. Toda la noche la escucho llorando, a veces chilla re fuerte, pero otras veces llora despacito, despacito… y como que se ahoga, se le atoran las lágrimas en el pescuezo y luego llora más. Ay no… hasta yo me pongo a llorar en mi casita de lo triste que se escucha. Yo creo que si juntara todas sus lágrimas, sí llena fácil los botes de leche que tiene ahí afuera. Mire nomás oiga… pues es que aparte qué habrá sentido, el dinero que era pa’l pastelito y la comida del niño lo terminó gastando en…

TOÑA: Ya m’ija, ya. No le pongas limón a la cortada. Acuérdate que aquí todo se oye, no vaya a ser que esta pobre oiga tus cosas y luego se nos apachurre más. Tenemos que apoyarla pa’ que se sienta mejor, así que nos ponemos a rezar pa’ que encuentre la pronta resignación. (Se levanta) Aquí se rompió una taza, m’ija.

SOCORRO: Ándele pues, pero pues pa’ qué empieza si luego no me deja hablar a mí. Si yo también quería mucho al nene. (Mientras se levanta) Bueno… pues hay le encargo un padre nuestro pa’ mí, que ya se me sumó también esta tristeza a la listota que traía cargando. Voy a darme una última vueltita abajo a ver si pesco algo antes de dormir.

TOÑA: Ve con Dios.


Toña entra a su casa mientras Socorro se va



Escena 3

Transcurre la noche con el ruido común. Sirenas, voces masculinas que se insultan entre sí, maullidos nocturnos, coches a lo lejos, música en una cantina del barrio, grillos. El llanto de un bebé se confunde entre todos los sonidos, pero se mantiene a pesar de todo. Es un llanto persistente, débil pero penetrante. Conchita asoma la cabeza por la puerta de su casa hasta finalmente salir siguiendo la  fuente de ese sonido. El llanto se hace cada vez más claro y más fuerte


CONCHITA: ¿Jesusito? ¿Jesusito, eres tú? ¡Sí eres tú! (Simula abrazar a un niño pequeño, suelta en llanto) ¡Mi criaturita! ¡Yo sabía que no podía ser verdad que te me jueras! ¡Alabado sea el señor! Aquí te tengo entre mis brazos, mi niño… Ahora sí mi amor, verás que voy a juntar otra vez y pa’ pronto te voy a dar tu pastelito (Hace un ademán como si el niño se separara de ella) ¿Qué pasó, Jesús? ¿A dónde vas, m’ijo? ¡No! ¡No corras, mi amor! ¡Espérame, espérame! ¡Voy contigo, Jesusito!


Conchita sale corriendo como si persiguiera a alguien. Se pierde entre la obscuridad de la noche, sus gritos cada vez son menos audibles. Obscuro



Escena 4

Varias mujeres saliendo de la casa de Conchita. Todas llevan un trapo negro en la cabeza, lloran y rezan el rosario. Toña lidera la oración. Socorro llora mientras dos mujeres la consuelan


TOÑA: Por la virtud de la fe…

MUJERES: Ave María.

TOÑA: Por la virtud de la esperanza…

MUJERES: Ave María.

TOÑA: Por la virtud de la Caridad…

MUJERES: Ave María.

TOÑA: Dios te salve, María.

La oración continúa. El llanto de varias mujeres se fortalece. Toña se mantiene inmutable. Oscuro


Escena 5

Es de día. Socorro está sentada en  la silla de coca-cola afuera de su casa, haciéndose aire con un periódico doblado. Una niña hace pasteles de lodo cerca de la mujer



INÉS: ¿Y qué te dijo cuando se te acercó?

SOCORRO: Ay, lepa… pues me empezó a decir que estaba bien buena, que quería algo serio conmigo. Nada de negocios.

INÉS: Ah, chis. ¿Y apoco le creíste?

SOCORRO: (La golpea con el periódico) Pues claro que le creí, cabrona. A los hombres de verdad les gustan las mujeres de verdad. Nada de huesudas desabridas. A ellos les gusta la carne, lo que puedan agarrar y disfrutar a gusto. Eso es la belleza, niña. Lástima por ti que estás toda flaca y fea.

INÉS: Nah… Al cabo que a mí ni me importa. Yo no quiero nunca tener novio ni casarme ni nada. Por mí mejor si estoy fea y no le gusto a nadie.

SOCORRO: Ay no, yo sí. Yo sí me casaría, qué tiene que sea con el fulano de anoche.

INÉS: ¿Y al final qué le dijiste a aquel?

SOCORRO: ¿Pues qué le iba a decir? Ni modo que todavía me hiciera del rogar. Que lo agarro de las greñas y que le planto un besote… él encantado (Ríe) es que una que ya los conoce tan bien, ya sabe cómo es el jale pa’ que no se nos vayan. (Pausa) Si hasta me dan ganas de irme con Doña Cata a que me haga un amarre.

INÉS: Ay si, esas cosas ni son de a deveras

SOCORRO: ¡Cómo de que no, chamaca! Funcionan re bien y hay que tener mucho cuidado con eso. Yo ya me la sé… tengo mucha experiencia en esas cosas y soy buena gente así que por eso no se me devuelve nada.

Inés actúa indiferente ante las palabras de Socorro. Se mete el cabello adentro de la boca y comienza a chuparlo

SOCORRO: ¡Inés! Ya te he dicho que no hagas eso, cabrona. Se te va a terminar de chingar esa greña.

INÉS: Qué tiene.

SOCORRO: Ay, niña… a ver, ven pa’ peinarte. (Inés va) Si te sigues haciendo eso te vas a quedar pelona… mira nomás, tienes el cabello todo maltratado. Tan bonito que lo tenías antes.

INÉS: Ay ya, Soco. Tú nomás vives pa’ quejarte y criticar. Mejor cuéntame más cosas.

SOCORRO: (Sigue peinándola) Uhm… no, m’ija. Creo que ya te conté lo único bueno que tenía pa’ platicar. De lo demás ni pa’ qué. Puros ahogados, puros muertos, pura cochinada.



Escena 6

Entra Toña con una pequeña tina llena de frijoles cocidos, mira a Socorro e Ines y se detiene

TOÑA: ¿Y ésta qué hace acá? (Silencio) ¿No mi oíste, Socorro?

SOCORRO: Toña, ella no…

TOÑA: ¿Ella no qué, Socorro? ¿Ella no hizo nada? ¿Eso m’ibas a decir? A lo mejor ahorita está muy tranquilita, pero no te descuides porque por dentro está toda podrida. Que no se te olvide lo que hizo.

Inés se separa enojada de Socorro e inicia su partida

TOÑA: Ni siquiera defenderte puedes, cabrona. No tienes los pinchis huevos pa’ verme a los ojos. (Pausa) Ojalá pudiera pedirle a Dios que te matara. No sabes lo feliz que me haría eso. (Pausa) Ni te vas ni hablas… ¿Sabes qué? No dudo que haigas sido tú la que mató al nietito de Conchita. Ni a la Conchita misma, bien capaz te creo de haberla arrastrado hasta el arroyo pa’ que se hogara.

SOCORRO: Ya estuvo, Toña. (A Inés) Vete, chamaca. (Inés se va) Ya ni la amuela, doña. (Entra a su casa)



Escena 7

Toña se queda de pie, mirando hacia el horizonte. Tiemblan sus labios y sus manos

TOÑA: Nestor… mi Nestor… algún día, mi cielo. Algún día.

Entra a su casa

 

Escena 8

Paso del tiempo. Basura que se acumula, sonidos que trae la tierra con el viento, el frío y la sequía son cada vez más fuertes. Llega una noche con fuegos artificiales. Socorro e Inés están sentadas afuera de la casa de la primera mirando el cielo

SOCORRO: Me pone bien feliz ver esas madres.

INÉS: (Ríe) No mames.

SOCORRO: Es en serio.

INÉS: Me gustan, pero… no sé por qué me dan como nauseas cada vez que los veo. Siento que se me hace el corazón chiquito, chiquito. Que me va a explotar como explotan esos allá arriba.

SOCORRO: Pos qué gacho.

INÉS: Esas cosas son como tú. Van volando hasta arriba, como si ya la hubieran hecho y luego cuando están muy alto explotan y se caen en pedazos. ¿Pero sabes qué? De todos modos yo preferiría al menos saber por un rato lo que es estar allá arriba. No me importa si me lo quitan después y quedo pior. No importa… lo que cuenta es lo bueno, no lo malo. Tú debieras sentirte contenta.

SOCORRO: Gracias, chaparra.

INÉS: (Tocándole el rostro) ¿Te duele mucho?

SOCORRO: Pos dos –dos.

INÉS: ¿Quieres que le mande unos amigos por la revancha?

SOCORRO: ¡No hija! ¿Cómo se te ocurre?

INÉS: Ay, bueno… es que la neta no sé cómo ayudarte.

SOCORRO: ¿Y por eso quieres que el mío acabe cómo el Nestor? (Pausa) No, niña… perdón. Ya sé bien que tú no tuviste que ver con eso. Aparte ese wey (Habla más bajito) ese wey sí se lo merecía por todas las cosas que te hacía… tú estabas re chamaca, criatura. Yo no se cómo puede haber gente tan mala de la cabeza. Y luego nosotras qué hacíamos si éramos puras viejas. Yo no se quién, pero…

INÉS: Ya estuvo.

SOCORRO: Ta bueno.

Los fuegos artificiales terminan. Inés se chupa el cabello

INÉS: ¿Y porqué te pegó?

SOCORRO: ¿Pues por qué va a ser, tú? Por los trabajillos.

INÉS: Pero pos si él ya sabía.

SOCORRO: Pos sí, pero como que se hizo a la idea de que ya no lo iba a hacer. (Ríe) “¿Si pendejo? ¿Pues qué me vas a mantener o qué?” Eso le dije.

INÉS: ¿A poco sí le dijiste pendejo?

SOCORRO: Oye, pos él me dijo puta. Ta bien que sí pero pos no, yo no me dejo desas cosas.

INÉS: Pos sí pero la trapiada que le dio al piso contigo ¿qué, eh?

SOCORRO: Ni modo, de todos modos se me quita. Ya casi ni me duele. Lo bueno fue que me di cuenta a tiempo, ¿qué tal si me llego a arrejuntar con él? Orita me voy a dar una vuelta, ojala que no esté pa’ que no me haga un show con los clientes.

INÉS: Yo me voy contigo pa’ no encontrarme a la Roña. Ya vez cómo me trata.

SOCORRO: Ay no te apures, orita anda pidiendo todavía. Últimamente llega re tarde. Se me hace que ta juntando pa’ llevarle algo a su muertito. Te puedes quedar a dormir conmigo si quieres, mañana te vas temprano antes de que salga Toña y te vea. De perdida que duermas bajo techo, chaparra. Que más quisiera yo que te quedaras en lo que dejó Conchita que en paz descanse. Pero pos con Toña nomás no se puede.

INÉS: De verdad que tú eres a todo dar. Gracias, gorda.

SOCORRO: No hay bronca. Entra cuando quieras, nomás no hagas ruido cuando estés adentro pa’ que no sospeche la otra. Yo ya me voy de una vez pa’ llegar más temprano.

INÉS: Cuidate.

Sale Socorro



Escena 9

Inés se queda mirando por donde se fue. Mira un poco más los fuegos artificiales, luego se levanta y camina hacia la casa de Socorro. Entra Toña con doña Cande

TOÑA: Mírela nomás. ¿No le digo? Nomás invoca uno al mal y aparece luego luego.

CANDE: Esta muchacha trae puras espinas. Se le nota nomás con verla.

TOÑA: Me mandó sicarear a mi muchacho y él nunca le hizo nada.

CANDE: Un alma descarriada, negra. Trae el diablo adentro.

TOÑA: Mi muchacho... mi Nestitor. Tan trabajador, tan joven.

CANDE: Y luego Jesusito, y luego Conchita. Ellos nunca le hicieron nada.

TOÑA: El mismísimo demonio.

CANDE: ¿Luego quién va a seguir?

Inés comienza a retroceder asustada

TOÑA: ¿A dónde vas, cabrona?

CANDE: Necesita arrepentirse para salvarla.

Inés camina hacia ellas

INÉS: Él me hizo muchas cosas bien feas, Toña. Yo estaba bien chamaca, yo ni conocía a la otra gente. No sé por qué piensa eso de mí, pero le juro que yo no hice nada.

Toña la toma con fuerza por un brazo. Inés no lucha

TOÑA: Hasta que te oigo hablar... pero nomás vienes a decir pendejadas. ¿Te hacía cosas feas, mocosa? ¿Y qué cosas te hacía? Si todos sabíamos que desde chiquita eras re putona, igual a tu madre. Con razón te hayas tan bien con la pendeja de Socorro. A lo mejor no juiste tú la que le mandó hablar a los cabrones que me mataron a m’ijo, pero de seguro le dijistes a tu mamá y ella los mandó. Tan bien que se llevó siempre con esa gente... por eso ni me sorprendí de que terminara como terminó.

Inés comienza a llorar. Doña Cande la forza a hincarse y la somete al igual que Toña

TOÑA: Pero de seguro que te pusiste re contenta cuando te enteraste de lo que le había pasado a mi Nestor, ¿verdad? (Inés llora. Toña se acerca a su oído y eleva la voz) ¿Verdad? (Inés niega con la cabeza)

CANDE: Que coma tierra por mentirosa.

Toña agarra un puño de tierra y lo mete a la boca de Inés. Inés comienza a forcejear, Cande le jala el cabello

TOÑA: Esto es poca cosa a comparación de lo que tú me hiciste. ¡Me quitaste a mi hijo! ¡Me lo quitaste!

CANDE: Arrepiéntete, niña. Pide perdón y entrégale tu alma a Dios.

Inés continúa negando con la cabeza, Toña mete otro puño de tierra en su boca, Inés comienza a ahogarse

TOÑA: Ésta niña no conoce a Dios. Es una asesina, una puta y además yo la he visto en la calle metiéndose cosas con los otros vagos. ¡Es el diablo!

CANDE: Arrepiéntete (Jala de su cabello hasta que su frente topa con el piso) Todavía no es tarde, niña. Todavía puedes hacerlo.

TOÑA: ¡Pídele perdón a mi Nestor!

Inés escupe toda la tierra

INÉS: Toña... ¡él me cogía a la fuerza, Toña! ¡Yo tenía seis años! ¡Estaba loco! Me amenazaba con una piedra que tenía pa’ machacar frijoles! ¡Me decía que iba a hacer lo mismo con mi cabeza y con la de mi mamá! Tenía mucho miedo, mi mamá era la única persona que se preocupaba por mí, no sabía qué hacer, estaba asustada...

TOÑA: (La abofetea) ¡Cállate! ¡Cállate!

Ambas ancianas comienzan a golpearla patéticamente. Sus cuerpos macizos pueden doblegar al cuerpo débil y desnutrido de Inés. Ella llora e intenta cubrirse inútilmente. Lentamente un obscuro



Escena 10

Amanece. Ruido de un helicóptero y de patrullas que transitan cerca. Se escuchan voces por medio de radios, hablan de una mujer encontrada cerca del arroyo seco. Presenta múltiples heridas en el cuerpo, flagelación, violación. ¿Y estaba buena?, pregunta uno de los radios. No. Muy gordita para mí.

Lentamente se abre la puerta de la casa de Socorro. Sale Inés con la nariz llena de sangre seca y los ojos perdidos. Cierra la puerta despacio para marcharse de ese lugar



INÉS: ¿Ya vez, Toña? Tempranito como dijiste... yo sí cumplí lo que dije. En cambio yo... yo te esperé toda la noche.



 

Inés se marcha lentamente mientras se cierra el telón.