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  • Web premiada con el Premio Internacional OX

Minerva Rossano Harmon. Chihuahua, Chih. 1983.

Poeta y actriz.

 

Formación académica:

Egresada del Tecnológico de Monterrey Campus Chihuahua como Licenciada en Comercio Internacional con especialidad en aduanas.

 

Premios literarios:

  • Ganadora del Concurso Estatal de Poesía Infantil “ A mi Bandera”. Organizado por Gobierno del Estado en el año de 1990.

  • Ganadora del 1 er lugar del concurso de “Composición Poética” Interbachilleres en el año 2000.

 

Actividades artísticas:

  • Participó en dos puestas en escena bajo la dirección del Lic. Mario Humberto Chávez (QEPD) en el grupo de Teatro del Tecnológico de Monterrey en los años 2003 y 2004.

  • Integrante de la agrupación coral “Astrea Solaris, bajo la dirección de la Maestra Gabriela Levario de 2007 a 2011.

  • En el año 2011 hace su debut en Teatro Musical con la compañía teatral Exus, poniendo en escena la ópera Rock “RENT”.

  • En 2013 participó en el Musical “Jesucristo Superestrella” bajo la dirección de Félix García.

 

 

Muestra de obra:

Madre.

 

A ti te llamo Dios, novelista acérrimo de mi vida, papel y lápiz en mano guión y poesía en escenario, así tú…tan yo siempre, que unidos nos hemos nombrado los creadores de este chispazo de tiempo al que hemos decidido poner por nombre Vida.

Entre sus miradas se empezó a tejer mi historia,

Ellos enlazaron sus manos entre los pinos de la Madre Tarahumara.

Sus corazones fueron hilados como la palma entre las manos de una rarámuri.

Su amor fue una artesanía…

 

Fui lentamente bordada y teñida de colores entre la tierra y el sol, sutilmente expuesta al fuego de la pasión cual barro entre las manos del alfarero.

 

El viento silbó sus historias, y fue Chihuahua quien atrapó el aliento de lo prohibido.

Así sus manos abrieron caminos en el cuerpo de la que por tradición hoy llamo madre.

 

Extracto bíblico, decreto dado… nací del barro… de la emulsión perfecta entre sangre y carne, la mezcla idónea entre el tiempo y el destino.

 

Nací yo… como el artista que da forma a su pensamiento, como solo el espontáneo y travieso destino puede dar forma a lo irremediable. Del barro vengo, del mes de mayo derramando en los bosques de la Tarahumara igual que como Dios derrama en cascadas el misterioso opuesto de la muerte. En la ebullición de lo prohibido bajo este cielo mismo que hoy miro.

 

II.

 

Él me puso en tus entrañas y me dijo que te llamara Madre,

Viví con la acidez de tus miedos en mis venas,

Ese cuerpo que albergó el calor de un hombre ajeno

Ahora duplicaba los latidos.

Nueve lunas como las de octubre agazaparon los golpes de sus palabras.

Eras mujer y ya no lo serías más, habías decidido portarme en tu vientre

Aun cuando más fácil sería haberme entregado al universo antes de pisar esta tierra.

Te llamaron loca, de tus ojos ya no salían lágrimas sino trozos de su ausencia,

El hombre prohibido y ajeno que había llenado tu vida

Se encontraba entre los brazos de quien siempre había pertenecido.

Y tu tan sola, tan cobardemente valiente que apostaste mis latidos al sol

Que jugaste apuestas con el destino para que me diera un nombre

Tú… quien negaste a tus caderas el vaivén del amor por convertirlas en el delicado nido de una nueva historia.

De tu vientre Madre, recibí las bocanadas de humo como el primer aliento

La amargura de tus vísceras Madre sofocaron los intentos de nacer,

Yo no quise nacer, nunca di patadas para exigir el aire, nunca rompí tu cuerpo para ganar la vida, en el fondo conocía nuestra historia.

 

No me tomaste entre tus brazos, en el inevitable letargo de la anestesia te desocupaste de tus obligaciones para entrar en el mundo de los sueños.

 

Sin pensar me pusiste en sus brazos, en esos en los que no pasaba el tiempo y tu… dormías… rogando a quien te topabas en el sueño que ya no te dejara despertar.

 

Pese a tus intentos abriste los ojos y estaba a tu lado, esos ojos y los míos, la primera impresión del arquitecto y su obra, del músico y su canción terminada… del poeta y el trozo de papel que había aventado en el suelo y que luego arrepentido recoje. Soy yo tu mejor poema, el que no quisiste escribir el papel que nunca quisiste representar, la historia que no quisiste empezar, estaba ahí… entre tus brazos.

 

III.

 

Envuelta entre cobijas me diste un nombre

No fuiste responsable ni de elegir algunas letras para quien habías traído al mundo,

Alguna Diosa a la que condenaste a la inteligencia adornó mi nacimiento.

Tres o cuatro gotas de agua rodaron por mi cabeza

Yo sin saber que empezaba la dolorosa búsqueda de Dios

Esa a la que me condenó la historia y los cuentos de una familia que tampoco lo conocía.

Latía al ritmo del universo y me quisieron arrancar de su presencia

Firmando de testigos que había nacido del pecado

¿Es realmente el amor un pecado?

¿Tendría de verdad que correr el agua por mi cabeza para apartar de mi

El aroma fuerte de la unión de dos personas que jugaron a amarse?

Ella tejió para mí una historia

Me organizó el escenario ese que ocuparía por tradición toda la vida.

Mientras sus manos cálidas bordaban aquel traje de mariposa

Mientras con sus abrazos compensaba todo el frío de tu indiferencia.

Me hizo mariposa, pues sabía que tendría que romper voluntariamente el encierro al que por herencia había sido condenada.

 

Treinta años después desempaco de mis sueños ese traje, observo de muy cerca cada puntada y abrazo con nostalgia mis alas blancas.

Con esas alas volé la primavera, abracé todos los árboles ignorando el futuro, me sentaba a la sombra de una lila gritando internamente por la ausencia de a quien nunca llamé padre.

 

IV.

 

¿En qué maleta escondí su nombre? ¿Bajo qué canción infantil disfracé mis impulsos por un torso fuerte que me contuviera? ¿Con cuántos cuentos oculté mi sed de padre?

Desde entonces me sujeté del olvido para hacerme creer que no existía,

Que buena equilibrista he sido, de verdad logré creer que en mi no existía un solo rasgo que de él viniera.

De todas las palabras que salieron de mi pequeña boca nunca estuvo su nombre.

Domestiqué las letras y los deseos para pintar sonrisas con tantos dientes como lágrimas.

 

V. 

 

Como tormentas vinieron las palabras

Inexplicable brisa de sonidos iluminaron mi vida

Una muñeca que habla

.

¿Con cuántos cuentos quise que me quisieras Madre?

¿Con cuántas sonrisas de pequeñas perlas te quise hacer collares?

¿Cuántos tic tacs en esa casa con mil relojes estuve despierta, esperando que la frialdad de tu piel se quitara con el roce de mis manitas?

Una infancia que como canción, terminó abrupta en la caja azul en la que moras todavía.

Te despediste de la vida y de mundo sin más honores que los que mi corazón te hicieron.

En otra vida nos encontraremos madre,

en otra que tú no me darás y entonces no habrá deuda.

Mientras yo continúo en esta, latiéndote a diario

Visitando tus silencios frente al espejo y dando voz a todas las palabras que tú nunca pronunciaste…

 

I.

 

Te dieron por nombre Jesús

Como a mí… por designio sin tu opinión.

Cuando entraste a la carne lo olvidaste todo

No importa cual sublime fuera tu alma

 

Tenía una mala fotografía tuya en mi recámara,

Nunca me pareciste un Dios muy alegre.

Ahí estabas todo el tiempo, cabeza agachada y los brazos abiertos

El que dio la vida por nosotros decían

Pobre Jesús, ojos cerrados cuello torcido, piquetes en los pies y manos.

 

En los recovecos de mi consciencia te gritaba

Yo no pedí tu sacrificio, yo no quería vida eterna.

¿Cómo había de querer más de esto?

 

Me prestaste tu corona de espinas – p e n s a m i e n t o s –

Y loca en el infierno de mi mente encontré mi propia cruz.

 

Te he buscado Dios, cuando me dijeron tu nombre

Empecé a buscar tu dirección,

Capillas, Iglesias, Parroquias, catedrales una a una fueron descartadas,

Cuando llegaba de rodillas con los ojos cerrados y el corazón abierto resultó que te habías ido y en tu lugar habían dejado la puerta cerrada con Dogmas que mi recién consciencia adquirida no podía atravesar.

 

Entonces apareciste tú, entre rayos dorados, me tomaste de la mano

Me mostraste tu ubicación, en ti dejé de ser el necio que busca para ser quien ha encontrado.

Que lejos habías estado Jesús, tú con todos tus nombres y todas tus direcciones

Tenías el domicilio menos esperado,

Aquel lugar que en tu búsqueda había cerrado con el cemento de la duda y varias tablas de excepticismo.

 

Entra en mí te dije… y tu respuesta me hizo jamás volver a tener preguntas.

Yo te vivo Dios, en esta pequeñez de existencia

En mi densa materia y con mis lugares comunes,

Yo te vivo Dios y a través de ti y de mi somos una gota de existencia que nunca será repetida.

 

 

I.

 

Lo recibí como venía, con mirada confusa y esa tierna actitud de soy tuyo.

Era blanca su piel como sus intenciones y el negro más intenso vivía en su cabello que reposaba en mi pecho cada noche.

 

Al final, nos dejábamos llevar por lo que creíamos que era el amor, nos disfrazamos de adolescentes y empañábamos los vidrios de nuestras consciencias, y fue en mí que ensayaron sus manos.

.

Aquel pensamiento opacó la noche, en silencio le di una instrucción al destino que no fue pensada, le dije que sí y todo lo que recuerdo que me componía se abrió a él.

Uno solo nos llamábamos, entre el fuego y el invierno optamos por inventar una nueva forma de amor, la de los cuerpos.

Inició sin pensarlo la gran despedida de la inocencia.

Él dentro de mí se había convertido en hombre, viril, fuerte y macho.

 

Este pequeño cuerpo había mutado de niña a mujer, donde por fin podía descubrir la vibración de un hombre dentro de lo más íntimo que recordaba que existía… mi corazón.


II.

 

Así tan sabida como la muerte era tu partida,

pero me dejé sorprender

 

Como si las torres de esa Iglesia que te vio entrar hubieran caído ese día sobre mi espalda,

No sé qué día firmaste mi muerte.

.

¿En qué cama la hiciste tuya?

¿Qué almohadas pusiste bajo sus caderas para asegurar el vibrar de tí dentro de ella?

¿Qué orgasmo te apartó de los recuerdos de mi aroma?.

 

En una iglesia bajo este cielo se derrumbó mi vida,

ni siquiera tuve el derecho de escribir mi epitafio.

Me morí y no conocí el día de mi muerte.

 

¡Que hable Dios de mi dolor!

si lo tenías de testigo ante tu promesa

y al mismo tiempo estaba sosteniendo mi último aliento.

 

¡Me he muerto, y estoy tan viva como para demostrártelo!

Se quedaron las noches en tus brazos a mitad de mi garganta.

Debo oler a muerte,

pues en el andar de cada día y por todo el aire mi dolor se anuncia,

es esta estela de fuego de rojo vendaval que ha dejado mi cuerpo estéril en este suelo, este suelo que nos vio tantas veces darle vida al amor con nuestros propios cuerpos.

 

Estoy escribiendo de mi muerte,

que es una parte de tu vida.

Me he muerto y no lo sabes,

pero buscas entre sus piernas lo que en medio de mi pecho susurraste solo vivirías conmigo.

Es tan absurda la muerte que puede ser a diario vivida,

cae presa de los recuerdos y entre su defenderse solo logra morirse de nuevo…

Tú que sembrabas en mi cada noche,

que con tus manos araste los montes de mi vida,

Tú que plantaste pasión en cada beso,

Tú que dabas vida a mi vida, en esa iglesia, en esa mujer y en esa hora, me has muerto.

 

 

III.

 

Me voy a sentar en la cama a ver pasar la vida,

veré como el tiempo se enloquece con el paso de los días,

con un estremecedor tic tac que mi corazón todavía no comprende.

 

Estoy sentada aquí, en la orilla de la cama,

porque no he querido ir al centro.

Tengo miedo de cerrar los ojos y percibir tu aroma

y llegar al otro lado de la cama donde debería encontrarte.

 

A todos les he dicho que no recuerdo tu nombre,

¿Cómo mojar un recuerdo en el mar de mis lágrimas?

Les he mentido, he cruzado los dedos debajo de la mesa, donde por costumbre ponía mi mano entre tus piernas y me ponía a jugar con tu paciencia.

Podía adivinar cuando el rojo invadía tus mejillas

y como tu sonrisa me daba pista sobre tus ganas.

De pronto te levantaba la prisa, no importaba el tiempo de ningún otro mundo se te adivinaba en el sudor de tus manos tus latentes intenciones de salir corriendo.

Jugábamos con las luces de los semáforos.

 

Hicimos al rojo testigo de un largo beso,

cuando teníamos que abrir los ojos era para meter velocidad al momento,

en cada parpadeo había solo deseo,

y así bajo el frío asfalto se incendiaban nuestras ropas.

 

Estoy en un ladito de la cama, porque aun no me atrevo a recordar tu ausencia y a dibujarte en otro escenario en el que yo no tengo personaje.

Me voy a quedar de este lado de la cama,

para esperar que alguien me quite las cobijas y

tome el calor de mi cuerpo como si fuera el ultimo asbesto para encender el infierno,

me voy a quedar en la orilla de la cama,

con mi cabello mojado escurriendo sobre mi espalda,

como una mala metáfora de nuestras lloviznas.

 

Y aquí en esta orilla cerraré los ojos,

Esperaré que unos brazos cálidos que me arrastren al centro,

y ahí me susurren que el mundo está tejido para mi cuerpo,

que el calor de entre mis piernas será recibido y albergará toda la vida que el universo quiera poner en mis entrañas.

 

En la orilla de la cama te espero,

sin rostro y nombre me he hecho ya tu cómplice.

el destino y yo te tenemos preparadas todas las aventuras

esas que estoy segura que se tejerán en muchas camas.

 

IV.

 

Yo tuve un miércoles de cenizas

Así silencio, así quieto,

sin más murmullos que el viento y mis pensamientos

Era miércoles y había cenizas

Porque en martes en el fuego ardimos todo.

 

Ardimos la piel y la sangre y todo lo que nos hace ser humanos

En hoguera la gente, y el tiempo y los ojos de quien nos estuviera viendo.

Yo tuve un miércoles de cenizas,

porque el martes ardió tanto que no dejó más espacio que su recuerdo.

 

Yo desperté aquel miércoles de cenizas, devorando su aroma y revelando sus huellas, quemaduras de segundo grado en cuerpo y corazón, tatuajes de pasión que se no se borran con el tiempo…

Gris la ceniza luego de rojo intenso, vuelan por mis piernas donde resbaló deseo…


V.

 

Me lo topé de frente y le dije: Así que tú eres el de mis sueños o debo decir el de mis pesadillas. Al escucharme me dio la espalda, caminó despacio y desapareció así como desaparecen todos los demonios cuando les das la cara. Guardo su fotografía, ese olor azufrado de aquel infierno en el que ardimos juntos y el dulce aroma de aquel pecado que se esparció en mi piel. Diría que lo extraño, pero los finales rápidos fueron la mejor ráfaga de viento que apagó todo donde recién habíamos ardido

 

 

 

VI.

 

Le dije que no me gustaban los números pares

Cuando decidió enlistar nuestros encuentros.

Al andar de sus pasos latía mi corazón,

Ese ritmo lento me enloquecía,

El olor de un té y las cosquillas de su barba eran el mejor afrodisiaco.

Me recuerdo en su cama

Atada a algo más que mi deseo

La condena de los placeres físicos es tener que volver a repetirlos.

No hay más memorias que su aroma, ni un pétalo de alguna rosa.

Dos gotas de sangre que rodaron por mis piernas,

Todo tú dentro de mí entregándome tu dolor.

Me gusta tu cara –me dijste-

Nunca cambié mi cara por mi corazón.

Me quedo con mi vientre adolorido de toda la pasión que no te he entregado

Las historias inconclusas son las más tristes porque no hay punto que le ponga fin a la imaginación.

 

VII.

 

Me tomé un té de tristeza, tenía dos gotitas de incertidumbre y una cucharada de nostalgia, en el primer sorbo lo enfriaron dos de mis lágrimas y al ponerlo sobre la mesa se derramó sobre mis sueños.

 

Cuando quise limpiarlo había escurrido hasta el piso donde hace mucho no tocaba. Cuando me levanté se había secado todo, no había rastro de té en la taza, solo el olor de una historia que bebí antes hasta el embriago.

 

VIII.

 

Escribiéndote no puedes escapar,

No puedes resbalarte en ninguna letra y te hago doblemente eterno.

Escribiéndote te inmortalizo en líneas que antes no existían,

Te regalo un cuerpo que puedo tocar cada vez que yo quiera y tú no podrás marcharte.

 

Con esta pluma te voy a dar dos ojos y me aseguraré que vean sólo lo que yo quiero,

Podré cerrar tu boca con un solo verso y hacer que huelas las flores que puedo marchitar con un solo punto final.

Tengo libertad de ti y en ti

Y en este cuaderno puedo contarme mil veces nuestra historia,

La vaciaré de mi piel a esta hoja y quemarla para poner fuego en ambos lados.

 

Puedo escribir tu nombre y no se verá tan mal,

Con acento o sin él con la serena confianza de que eres mío como este puño que se mueve hoy para darte forma.

 

Volveremos a hacer el amor, encenderé de nuevo la luz de aquel diciembre que se derramó en mi cama.

 

Tomaré tu boca y te obligaré todos los besos que no en aquel momento no quise darte.

Te sentiré dentro de mí otra vez y te sacaré de pronto

Te bañaré de deseo de éste que hoy no duerme contigo en tu cama intacta,

Mientras yo me como las horas en ésta mi cama blanca.

Tengo el tiempo y la libertad de ti, ya nada hace falta. Cierro los ojos, no mi corazón.

 

IX.

 

De letras es mi historia, de letras es mi salvación,

Encontré la libertad en una hoja en blanco y la empecé a teñir de palabras.

Porque aquí soy aire, porque aquí soy Dios.

Este es mi propio Génesis que escribo con el corazón,

Hago alianzas con mis sentimientos y luego las rompo

Construyo barcas y suelto diluvios unos de agua otros más de sangre.

Esta es mi libertad, el lienzo donde he decidido ser.

Sírvanse los puntos y las comas a ser mis aliados,

Regáleme la sintaxis el latir de un corazón,

 

Resbálese pues por las letras lo que ya no puede más cargar mi corazón.