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  • Web premiada con el Premio Internacional OX

 

Galia Mirscha, nació en CDMX, 1978.

 

Poeta y narradora.

 

 

 

Formación artística:

 

  • Licenciada en composición musical por el Conservatorio de Música de Chihuahua.

  • Miembro del Taller de Narrativa “Ray Bradbury” desde 2014 (Sría. de Cultura, Chih.)

 

 

 

Actividades artísticas y culturales:

 

  • Ha participado en ensambles de rock, de música contemporánea y de música folklorista latinoamericana.

  • Es contrabajista de la Orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua y ha dirigido orquestas juveniles.

  • Forma parte del colectivo Nuevo Frente Sonoro, dedicado a promover la música nueva.

  • Ha escrito música para películas y proyectos de televisión independientes.

  • Realiza trabajo literario para incorporarlo a su obra musical y participa en colectivos de promoción de la literatura en espacios públicos.

  • Es integrante del Frente Norteño de Poetas y ha publicado poemas en algunas revistas, como Síntesis, de la Universidad Autónoma de Chihuahua, en México, Revista Inombrable, publicación digital desde Colombia y La Piraña, revista cultural electrónica.

 

 

 

 

Muestra de obra:

El idioma de Threnek

 

El lenguaje de los Threnek tiene muchísimas palabras, tantas como el inglés ―la lengua más basta del mundo―, pero le faltan algunas que son comunes a todos los demás idiomas, como por ejemplo: Ley, Gobierno, Gobernante, ya no se diga Rey o Imperio. Por eso me cuesta trabajo comunicarme con ellos y decirles que la corona británica es la que me ha enviado para aprender su lengua y su cultura. Pero son amistosos y confiados y me han dejado vivir aquí por periodos de varios meses, como además irme y volver sin problema en los últimos dos años.

 

Threnek es una isla en el Pacífico, cerca del Ecuador, cuyo territorio superficial es apenas del tamaño de Holanda, pero tienen túneles que conducen a bóvedas subterráneas que parecieran ser cavernas naturales. Sumando la extensión de túneles y bóvedas, creo que la extensión del país se duplica.

 

Casi toda la gente de Threnek vive bajo la tierra, pero salen a la superficie una vez por semana a “comer sol”, como ellos dicen. Su semana dura 14 días de los cuales trabajan 10 seguidos, un día van por sol y dedican los 3 restantes a cantar, bailar y comer en abundancia. No se embriagan, porque no tienen ninguna forma de licor. Es el único pueblo que he visitado en el que la euforia de la fiesta no necesita del vino.

 

Las mujeres Threnek dan a luz de pie, sujetándose de las estalactitas blancas de la veda de una caverna con río subterráneo, mientras todos los presentes rezan y cantan durante el trabajo de parto. Una vez que se da el nacimiento, varias personas llevan a la madre y al bebé al río y los bañan mientras cantan una suerte de polifonía construida con escalas de afinación muy extraña.

 

Los bebes son amamantados por varias mujeres, sin saber cual de ellas es su madre. También son cargados en las espaldas de los hombres para subir a la superficie a tomar sol. Nunca saben quien es su madre, y mucho menos su padre, solo las mujeres saben quienes son sus hijos, pero nunca lo dicen y se considera vergonzoso preferir a un niño o niña sobre los otros. Entonces no necesitan palabras como: familia, linaje, heredero o primogénito.

 

Los Threnek no usan ropa porque en las cuevas que habitan hace mucho calor, solo usan joyas hechas con cáscaras de fruta, madera y semillas. No parecen avergonzarse de su desnudez, ni de las pasiones carnales que ésta despierta. Para ellos el apareamiento es como para nosotros fumar un cigarrillo, en cualquier lugar y a cualquier hora, y lo que me parece mas extraño, es que no solo ocurre entre hombre y mujer, sino entre hombres o entre mujeres. Entonces no tienen palabras como: pareja, matrimonio, fidelidad o celos. Pero tienen muchas palabras para las sensaciones que experimentan a lo largo del apareamiento en sus diversas combinaciones y estilos. Debo confesar que, a pesar de mi profesionalismo antropológico, que exige comer y dormir en las mismas condiciones que los aborígenes que uno estudia, mi conciencia moral me ha impedido atravesar las experiencias que dan nombre a estas palabras.

 

En el lenguaje Threnek no existe la palabra guerra. Después de observarlos durante tanto tiempo, entiendo por qué: nunca pelean. Cuando tienen diferencias, conversan durante horas hasta llegar a un acuerdo, el cual se firma, en lugar de con un apretón de manos, con un beso en el cuello que se dan simultáneamente los individuos que estaban en conflicto.

 

Una de las palabras, para las cuales no encuentro traducción posible, Shenkjiot. Se refiere a la "ayuda" o "cortesía" que tienen las personas con alguien que se encuentra enojado o frustrado.

 

Antes de que tome actitudes agresivas, quienes están cerca, empiezan a tocarlo y se aparean con el, frenéticamente, uno (o una) tras otro, hasta que queda exhausto y sus ánimos negativos parecen desaparecer. Es como si derrotaran a la ira con lujuria.

 

Como no tienen guerra ni peleas, no existen las palabras: guerrero, victoria, arma, batalla, venganza y otras que se pudieran asociar.

 

Los niños Threnek aprenden el idioma, la música y la historia de su pueblo cantando. Los oficios como la medicina, las matemáticas, la producción y conservación de alimentos, la observación de los astros, la elaboración de herramientas, etc. los aprenden acompañando a los adultos desde pequeños e imitando lo que éstos hacen. Los niños normales, pasan varios años siguiendo a varios adultos y aprendiendo un poco de todo hasta que encuentran algo que les gusta lo suficiente como para hacerlo con dedicación y constancia. No se les exige disciplina alguna cuando son aprendices, se espera que ellos la desarrollen voluntariamente, y lo más increíble es que si lo hacen.

 

Pero hay niños que no son normales y desde muy pequeños pasan mucho tiempo contemplando la naturaleza y no muestran interés suficiente en ningún oficio, hablan mucho de lo que ven en sus sueños y en los los días de fiesta comen poco. A estos o estas se les invita entonces a convertirse en Tumarijaek, algo como filósofos. Su trabajo consiste en pensar y comunicar a los demás lo que piensan en las Calfingles, ceremonias nocturnas en la superficie de la isla. De su discurso, las personas recuerdan fragmentos que les conmueven y los utilizan para sus canciones o los incorporan a las letanías de los rezos.

 

La religión de los Threnek es bastante extraña. Dicen que Dios es todo lo que hay en el mundo y que todos los seres son una parte del cuerpo de Dios. Su dios no es como un padre y no tiene antagonistas como nuestro Mefistófeles. Su poder es absoluto y su voluntad no necesita ser cortejada por los fieles, sino que la comunica a través de Kieremoth, algo así como epifanías, que

 

son posibles cuando la persona se aísla de la vida social para sentir la voz de dios. Esto lo aprenden desde pequeños, dicen que por intuición y no por instrucción. No tienen sacerdotes, chamanes, profetas ni nada que se parezca. Por lo tanto tampoco necesitan palabras como: iglesia, catequista, templos, diezmo, misa, alabanza o pecado. Sus rezos son entonces lo que cada quien decide decirle a dios, según como se lo imagina. Al principio es un revoltijo de textos distintos, pero poco a poco convergen en una letanía con elementos de lo que varias personas han dicho. Una especie de consenso sin mas mediación que la musicalidad de las palabras.

 

El alma, para los Threnek, es inmortal y habita diferentes cuerpos en los diferentes tiempos. Así, el alma de una persona que muere, se fragmenta en miles de estrellas invisibles las cuales habitan las plantas que nacen donde la persona es sepultada. Cuando los animales u otras personas comen estas plantas, el alma de la persona pasa a formar parte de los seres que la ingieren, de tal forma que las almas permanecen vivas eternamente en un infinito número de combinaciones con otras almas.

 

Tal vez por esta creencia, de que el alma individual es solo una forma temporal de la vida de las almas, tienen una noción de la vida, en la cual no les importa distinguir entre uno mismo y todos.

 

Por eso no les importa reconocer a sus hijos, no tienen propiedades, todo lo que producen puede ser usado por cualquiera. Entonces, no necesitan palabras como: mío, dinero, robo, ley, policía, juicio, condena, prisión.

 

Pero lo mas extraño de todo, es que esta sociedad sin disciplina, ley, iglesia ni matrimonio, donde todo el mundo hace lo que se le da la gana, no exista la palabra Libertad. Creo que no existe porque no conocen su antónimo. No hay nada que impida la libertad, de forma que es totalmente natural e incuestionable. Como no conocen otra forma de vivir, por eso a su peculiar forma de vida la llaman Idlemur, que no se traduce como Libertad, sino como Vida.

 

Sábana de gargantas

 

Marvin gozaba ir al pentatlón. Sus mejores amigos estaban ahí y las actividades eran divertidas.

 

Esperaba ansioso toda la semana a que llegara el día de los entrenamientos. Aunque la disciplina era dura, siempre salía feliz, gozando el efecto de las endorfinas del cansancio deportivo.

 

Esa noche, Marvin tuvo un sueño: eran las seis de la mañana, se levantaba emocionado, se bañaba y al mirarse al espejo, encontraba que súbitamente había envejecido. Su reflejo era el rostro de un hombre cercano a los cuarenta años, pero con sus mismos rasgos y expresiones. Sentía miedo y salía corriendo, pero la distancia que lo separaba de la puerta del baño se transformaba en un pasillo obscuro e interminable. Despertó sobresaltado. Eran las tres de la madrugada. El miedo a volver a la pesadilla llamó al insomnio en su auxilio. Finalmente logró dormirse después de unas dos horas.

 

Así que aquel sábado, Marvin despertó cansado y dijo a su madre que tenía mucha flojera de ir al pentatlón. Ella lo regañó por irresponsable y perezoso. El se enojó por la intolerancia, era la primera vez que faltaba desde que había ingresado. Ella quiso obligarlo a ir. El se sintió injustamente presionado. No estaba dispuesto a confesar que había perdido el sueño por una pesadilla. Temía ser acusado de cobarde. Así que respondió con ira. La pelea duró un buen rato y terminó cuando Marvin fue castigado con la orden de no salir de su cuarto hasta nuevo aviso.

 

El aburrimiento del encierro lo llevó a dormir para recuperar el sueño perdido de la madrugada.

 

Hacia el mediodía, un murmullo estremecedor lo acompañó en el trayecto hacia la vigila. Era un sonido ondulante que se acercaba despacio. Era grave y a la vez carnoso, como si estuviera vivo.

 

Crecía muy lento, poco a poco. Hasta que finalmente Marvin pudo distinguir que se trataba de llantos, varias personas llorando desconsoladamente caminando juntas calle abajo. Se asomó por la ventana. Era un grupo, bastante grande, de mujeres de la colonia, lloraban en lo mas obscuro y desgarrador de su tesitura vocal, como si les estuvieran arrancando una pierna o un brazo.

 

La madre de Marvin abrió la puerta y recibió de una vecina la noticia. Dos compañeros de Marvin en el pentatlón se habían ahogado en el río durante el entrenamiento de esa mañana. También falleció el entrenador que trató de salvarlos. El grupo de madres iba tocando de casa en casa para pedir a los vecinos cooperación para la sepultura de los jóvenes. Era un barrio de gente humilde.

 

Las personas cooperaban con el poquito dinero que podían y luego se unían a la procesión para acompañar a las señoras que perdieron a sus hijos. La madre de Marvin se dispuso a hacer lo propio. Fue a sacar dinero de la cajita de galletas donde guardaba sus escasos ahorros y antes de salir miró hacia la habitación Marvin. Él se asomaba por la puerta entreabierta mirándola con lágrimas en los ojos. Ella corrió a abrazarlo. Se abrazaron fuerte durante algunos segundos, luego ella se despidió de su hijo con un beso y se fue con el grupo de mujeres. Marvin la observó salir. Antes de que se cerrara la puerta, alcanzó a ver que en la calle, oculto entre la gente, estaba el hombre del espejo de su pesadilla, mirándolo fijamente. Se cerró la puerta y la sábana de llantos, lentamente reanudó su marcha.

Sin Luz ni Oscuridad

 

Un día, Diosa despertó de su siesta y, después de un par de bostezos desperezantes, fue a ver cómo estaba el mundo. Mientras dormía, Dios se había quedado a cargo de todo, resultando un mundo mas o menos como lo conocemos ahora. Cuando Diosa vio el estado de las cosas, se llevó las manos a la cabeza, cerró los ojos y respiró profundo. Contó lentamente de uno a siete Gúgol y luego de regreso. Cuando por fin pudo tranquilizarse, sonrío y fue a implementar la solución.

 

Para volver a equilibrar el mundo, tras los descuidos de los últimos quinientos años, sabía que era necesario incidir en los seres quienes habían rebasado sus atribuciones en el planeta del que formaban parte: la humanidad. Decidió guiarlos hacia una nueva forma de conocimiento, para que así, desarrollaran una nueva manera de relacionarse con la vida. Los humanos estaban acostumbrados a percibir el mundo, ante todo, a través de la vista. Desde aquel día tendrían que inventar otras formas: Diosa dejó a la humanidad ciega.

 

La primera reacción fue el desconcierto. Casi todos creyeron ser el único o la única en haber perdido la visión. No podían creer que a todo mundo le ocurría lo mismo: no podían creerlo porque no lo podían ver. Tardaron un tiempo en asumirlo.

 

La segunda reacción fue el pánico. Por alguna razón incomprensible, los humanos tenían la costumbre de agruparse en sociedades jerárquicas, donde quienes ocupaban el escaño más alto, eran los mas miedosos. El miedo, que Diosa y Dios habían decidido permitir en todos los animales de la Tierra, en los humanos había cobrado un grado de evolución asombroso. Para contener su miedo, inventaron el poder. Al someter a otras criaturas bajo su control, tenían la ilusión de ser mas fuertes y estar a salvo. Y para sostener el poder, inventaron armas, estructuras económicas, religiones, ideologías políticas y toda suerte de artilugios. Así que cuando ya no pudieron ver, los más miedosos ―que eran los jefes―, sintieron perder el control y entraron en pánico.

 

Si la vista, nadie podía manejar automóviles, ni barcos, ni aviones, ni siquiera bicicletas.

 

Nadie podía ir mas allá de donde le llevasen sus propios pies, si es que no se tropezaba.

 

Sin la vista, no se podían operar las máquinas para producir alimentos o ropa, ni construir casas. No se podían operar las computadoras para controlar las máquinas, dirigir las armas o comunicarse a distancia.

 

Sin la vista no se podían operar las finanzas, ni las transacciones bancarias, ni la compraventa de acciones. Es más, no se podía saber la denominación de un billete que alguien tuviera en la mano. Si nadie podía ver, ya no tenía caso comprar miles de productos que solo servían para tener estatus en un mundo de apariencias. El comercio, la mercadotecnia y la banca perdieron sentido.

 

Finalmente vino la adaptación. Al perder un sentido, los humanos empezaron a poner más atención en los otros, como el olfato o el oído. También se creo un nuevo orden social: los ciegos de nacimiento, como tenían los esquemas mentales de quienes nunca han visto nada, eran los mejores para ubicarse en el mundo. Podrían haberse convertido en los nuevos poderosos, pero se percataron de que su ventaja respecto al resto de la humanidad, era el estar más cerca de la nueva forma de conocimiento, así que se convirtieron en maestros.

 

Poco a poco, la humanidad fue dejando de pensar en imágenes. Al principio pensaban equivalencias visuales de lo que tocaban o escuchaban, pero con el tiempo, desarrollaron pensamiento abstracto a partir de sonidos, aromas, ubicación, etc.

 

La resistencia más tenaz a olvidar la imagen la llevaron a cabo los apasionados de la pintura, la fotografía y el cine. Los artistas de estas disciplinas estuvieron a punto de perder el sentido de la existencia. Para algunos, la solución fue crear una representación táctil de sus imágenes y pasaron al grabado o a la escultura. Otros, para quienes lo mas importante era la historia contada en las imágenes, se fueron por la literatura. Y quienes se centraban en impactar al publico a través de sucesiones de gestos en el tiempo, se volcaron en la música.

 

Los músicos, cerca de los ciegos de nacimiento, adquirieron también un papel de maestros y cuidadores. Su entrenada atención auditiva les permitía aproximarse con menos dificultad a la nueva forma de conocimiento.

 

En general, el mundo empezó a musicalizarse. La gente empezó a darle más importancia, no solo a las palabras, sino a las voces que las llevaban, Los vanidosos decidieron crear músicas que les identificaran, en sustitución del look de la civilización anterior. Quienes se sentían parte de un grupo, compartían gestos sonoros en sus músicas personales.

 

Los bailarines también entraron en depresión: ya nadie vería sus coreografías. Pero con el tiempo, la danza se transformó en algo no para ser visto, sino para ser sentido.

 

Quienes gustaban de la danza y no eran profesionales, aprendieron a bailar y dejaron de ser espectadores pasivos.

 

Poco a poco, todas las palabras que hacían referencia a lo visual, como color, brillo, mirada o imagen, fueron desapareciendo del lenguaje. Se fueron creando nuevas palabras para nombrar elementos del mundo que se estaba conociendo de esa nueva forma distinta.

 

La gente dejó de creer que estaban hechos a imagen y semejanza de Dios y empezaron a creer que descendían de la voz y la resonancia divinas.

 

Mientras algunos humanos trataban de crear una nueva religión para explicar lo inexplicable, Diosa contemplaba su experimento con una sonrisa. Y Dios le dijo:

 

―Tú ya dormiste quinientos años, ahora me toca a mi echar una siesta mientras tú cuidas el mundo.

 

Diosa asintió y siguió observando con fascinación como a la Tierra se le iban cerrando las heridas, como resurgían las especies que habían estado en peligro de extinción y como se repoblaban los bosques y las selvas. Mientras, la humanidad de la nueva civilización intentaba comunicarse con ella.

 

El Si bemol del ojo telúrico

 

Dicen que el sonido más grave

 

que podemos escuchar siendo humanos

 

es el Do uno

 

de dieciséis vibraciones por segundo,

 

una onda sonora que se mueve

 

como serpiente perezosa.

 

Pero hay ruidos más graves.

 

Tengo, como todas mis hermanas,

 

un ojo que mira siempre hacia la Tierra.

 

Vive en la comisura

 

de mi sonrisa vertical.

 

Es un ojo que mira los murmullos

 

de los terremotos

 

y las yerbas que crecen.

 

Y cuando se pone muy contento

 

canta.

 

Canta con una nota grave

 

como de quince vibraciones por segundo,

 

Un Si bemol, podría decirse.

 

La primera nota de la escala infrasónica.

 

Mis hermanos pueden escuchar este canto,

 

si son atentos,

 

con la piel de la parte

 

más frágil de su cuerpo

 

y ponerse contentos

 

y cantar notas graves

 

y hacer contrapuntos

 

con el Si bemol del ojo telúrico.

 

Puedo quedarme

 

Puedo saborear tu cuerpo

 

como si fuera un postre.

 

Ese cuerpo andado en años

 

tibio, sensible,

 

al mismo tiempo fuerte y vulnerable.

 

Puedo embriagarme solo con tu sonrisa,

 

con las palabras que desnudan tus sueños

 

con tu mirada brillante

 

enfocando la profundidad del presente.

 

Puedo besarte de sol a sol

 

de luna a luna,

 

acariciarte despacio de nube a nube

 

morderte con suavidad

 

cada milímetro de piel,

 

guardarte entre mis piernas

 

de invierno a invierno.

 

Puedo quedarme en ti

 

al tocar tu aliento,

 

darte un beso-orgasmo

 

que detenga el tiempo

 

y cargarte en brazos hasta el umbral del sueño.

 

En la Ciudad de los Muertos

 

Sueños de mezcal

 

entre ruinas

 

Dignidades guardadas en la telaraña de la lengua

 

ritmos de motores

 

armonía de cotidianidades

 

Rostros que sonríen al día a día

 

sin olvidar la Historia de los desequilibrios.

 

Tierras enverdeciendo

 

a pesar del acoso del asfalto

 

caminos

 

por donde viejas máquinas

 

juegan a la eficiencia imposible.

 

Muros de cantera para recordarnos

 

quien aprendió primero a usar la pólvora

 

quien fue más débil ante la seducción del oro

 

Músicas

 

al frente de caudales de flores

 

y almas con la esperanza

 

de tocar la luz del inframundo

 

para encontrarle algún sentido

 

a lo que aparenta ser el orden en la Tierra.

 

Libros en las manos

 

Paz en las miradas

 

Murmullo de viento en los follajes

 

Y una noche que saluda

 

como quien llega a su propia casa.

 

Cosas valiosas

 

Eres poca cosa

 

para quienes te consideran cosa,

 

recurso humano.

 

Ahí, por más que te esfuerces

 

tus afectos y tus sueños no valen

 

más que tu capacidad

 

de producción o de consumo.

 

Sus escalas no cuantifican

 

esa, tu extraña virtud

 

de transformar vidas

 

con gotas de luz.

 

Ahí lo que cuentan son los diamantes

 

Sin importar que vayan

 

manchados de sangre.

 

Ningún sacrificio será suficiente

 

para satisfacerles.

 

Siento gran tristeza

 

cuando sus juicios pesan más dentro de ti

 

que un abrazo o una sonrisa

 

de quienes te consideramos persona.

Paisaje sonoro de domingo

 

Coro de pájaros

 

a varias voces.

 

En primer plano

 

palomas dialogando

 

Al fondo el pedal

 

de varios ululantes

 

respirando en cadena.

 

Otros pajaritos más pequeños

 

trinando fiorituras y ornamentos

 

y el graznido envolvente

 

de chanates en vuelo

 

de un árbol a otro.

 

Polifonía que pareciera desmembrarse

 

lentamente de madrugada a amanecer

 

para que cada voz vaya tomando su sitio

 

en una mañana donde se abren paso

 

campanas de iglesia, perros y autos.

 

 

Un alucine más nocturno

 

Noche me llama

 

para salir corriendo hacia tu calle

 

y sentarme bajo tu ventana,

 

escuchar la música

 

que te acompaña mientras trabajas.

 

Noche me dice

 

que aun no se rompe el hilo que nos conecta

 

que aun me piensas

 

mientras ordenas tus herramientas.

 

Noche me envuelve

 

cobija mi grito silencioso

 

y al río salado que sueña

 

inundar la ciudad para tocarte.

 

Noche me abraza,

 

acaricia, consuela,

 

haciendo imaginar que tu también me nombras,

 

que tu alma se desdobla

 

y extiende las manos

 

buscando la punta de mis dedos.

 

Noche cierra mis párpados

 

me invita a que sueñe

 

que cada vez estas más cerca

 

de decidirte a romper esta ausencia.

 

El Tiempo

 

El tiempo no es imaginario

 

pero tampoco unilineal.

 

El tiempo puede ser pesado

 

denso

 

o simplemente aire

 

que respiraste un día

 

y atravesó tus pulmones, oxigenó tu sangre

 

y lo exhalaste para devolverlo al mundo.

 

El tiempo puede ser rutina

 

seguridad predecible

 

días, meses o años

 

quincenas esperadas y aguinaldos.

 

El tiempo también puede ser caos

 

y se le pueden hacer contrapuntos a sus fractales.

 

Puede ser anarquía,

 

ese orden armonioso inexplicable

 

sin reglas escritas,

 

solo voluntad de amar la vida

 

y beber, respirar cada momento

 

como si fuera el último.

 

El tiempo no es imaginario

 

y si lo fuera

 

también existiría

 

como nuestros cantos y nuestras palabras.

 

El tiempo es la materia de nuestras esculturas

 

esas, donde existimos tantas veces

 

cada ves que alguien presta sus ojos, sus oídos.

 

El tiempo tuyo, suyo, mío, nuestro

 

es de todos y de nadie

 

y somos tiempo.