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  • Web premiada con el Premio Internacional OX

Norma Irene Varela Moreno. Chihuahua, Chihuahua.

Narradora  y poeta.



Formación académica:

  • Licenciada en educación preescolar. Normal del Estado y de la Universidad Pedagógica Nacional.

  • Licenciada en educación secundaria con especialidad en español. Normal Superior “José E. Medrano”.

  • Especialidad en estudios de género y educación. Universidad Pedagógica Nacional del Estado de Chihuahua

  • Labora como directivo en el Jardín de Niños “Pror. Luis Urías Belderrain”, del subsistema Estatal.



Formación literaria:

  • Taller “Análisis y Creación de Narrativa Corta”, impartido por el escritor Eduardo Antonio Parra. 2002.

  • Taller literario “Pablo Ochoa”, dirigido por el arquitecto Mario Arras

  • Taller autobiográfico impartido por DEMAC: “Para mujeres que se atreven a contar su historia” dirigido por la tallerista Ma. De la Luz Torres Chacón.

Reconocimientos:

  • Segundo lugar en el Primer Concurso Estatal de Cuento, convocado por la Secretaría de Educación y Cultura. 2002.



Publicaciones:

  • Los cuentos “El hechizo de la abuela” y “Una carta para mamá” fueron publicados en la revista Solar del Instituto Chihuahuense de la Cultura. 2003.

  • Alumbramiento” y “Letargo”, poesía y narrativa respectivamente, fueron aportaciones para el libro Taller literario “Pablo Ochoa” XXV Aniversario, el cual se editó, como un reconocimiento a la trayectoria del arquitecto y escritor Mario Arras. 2009.

  • Cuento en verso “El Gigante de la montaña”, editado por Doble Hélice. 2012.

  • El texto autobiográfico “La mirada en el espejo”, obtuvo mención honorífica en el concurso “La crisis global y yo” convocado por DEMAC, mismo que forma parte del libro “La Crisis Global en Barcelona y Chihuahua”. Editorial DEMAC. 2013.

  • “Kuira”, en coautoria, con Horacio Echavarria González, proyecto bilingüe que pretende revalorizar el idioma tarahumara. 2014.
  • Cuatro aportaciones de narrativa corta para el libro “Seis lustros de letras”, publicación colectiva como homenaje al trigésimo aniversario del Taller literario “Pablo Ochoa” dirigido por el arquitecto Mario Arras. 2014.
  • “Muffin de cuentos” once cuentos para primeros lectores, publicado por Doble Hélice. 2015.

 

 


Muestra de obra:

Los monstruos come letras

Plutarco era vendedor de libros, pero no era un vendedor de libros común y corriente, no, no, no, él era el mejor vendedor de libros. Vendía interesantes enciclopedias, importantes libros de política y geografía, excelentes obras literarias, famosas novelas, maravillosos cuentos de fantasía, de magia, de terror, útiles libros de cocina, computación y mecánica; en fin, libros de todo tipo. Plutarco, sabía qué decir y cómo convencer a las personas de la necesidad de comprar un libro y es que la verdad, todos necesitamos de alguno.

Era realmente un excelente vendedor, y como tal, viajaba por todo el mundo ofreciendo sus extraordinarios libros en todos los idiomas: en chino, inglés, francés, italiano, español, alemán, etc. así que también, él sabía hablar muchos idiomas.

Un día, Plutarco llegó por casualidad a un país en el que jamás había estado, e incluso, ni siquiera sabía que existía porque no estaba señalado en su mapa.

En ese país, todo era muy raro y diferente, sin embargo, esto no le preocupó mucho, porque ya en otras ocasiones también había estado en países raros y diferentes.

Antes de llegar al centro de la ciudad, se sentó un rato bajo la sombra luminosa de un gran árbol cuadrado a descansar, y ahí, sacó una variedad de los libros que traía en su maletín.

Vamos a ver Se dijo a sí mismo. ¿Aquí que idioma hablarán? ¿Cómo serán sus habitantes? ¿En que trabajarán? ¿Qué libros debo ofrecer?

Cómo no tenía ni idea de las posibles respuestas a estas preguntas que se hizo a sí mismo, guardó nuevamente sus libros mientras pensaba: Será mejor que estos datos los averigüe con alguien que viva en el lugar. Y se levantó a continuar su camino.

Al caminar por la calle principal bajo los frescos rayos del sol azul, pudo ver a los lados extraños edificios circulares, en ellos, brillaban grandes anuncios de varios restaurantes, y esto le abrió el apetito. Así que expresó en voz alta.

Más vale que coma algo antes de empezar a trabajar, porque luego, quizás no me dé tiempo de hacerlo. Plutarco decidido y sin pensarlo dos veces, entro al primer restaurante que tenía en frente.

Cuando abrió la puerta, que también era circular como los edificios, se quedó parado unos minutos sorprendido al ver la apariencia de quienes se hallaban en el interior, que como era de suponerse, eran habitantes del lugar. El vendedor de libros, al verlos se extrañó de su aspecto, pero sólo al principio, pues estaba acostumbrado a ver gente de todo tipo: chaparritos, gigantescos, peludos, calvos, jorobados, derechitos, morenos, blancos, amarillos, negros y hasta rosados, pero la verdad, era la primera vez que veía esas grandes cabezas peludas con tres ojos sobre antenas y cuerpos redondos de varios colores apoyados en seis piernas, o brazos, no sé exactamente porque los que estaban de pie, al caminar se les confundían y los que estaban sentados, utilizaban tres para comer.

Respiró hondo y profundo, caminó hacia el interior, se sentó tranquilo sobre un banquillo y se dijo: vaya que son extraños, pero a todo se tiene que acostumbrar uno cuando ama su trabajo.

En eso estaba, cuando escuchó la voz amable de una mesera que se acercó, la cual por cierto también tenía la misma apariencia que los demás con la única diferencia que sus tres enormes ojos negros, estaban adornados con unas gigantescas y rizadas pestañas rojas.

Buenos días señor ¿Qué le sirvo? En ese momento Plutarco se sintió aliviado, porque se dio cuenta que hablaba un idioma que él si conocía, y aún sin responder, la mesera continúo. Usted no es de por aquí cerca ¿verdad?

Pues no, en realidad yo soy de un lugar muy, muy lejano. respondió Plutarco amablemente.

Lo sospeché desde que lo vi entrar, expresó muy segura en tono alto. Luego, se acercó y continuó hablándole en voz baja cerca del oído. Y es que… déjeme que le diga un secreto, nadie de por estos lugares usa sombrero. Después, se retiró un poco y preguntó intrigada al mismo tiempo que ofrecía la carta de alimentos.

¿Y qué es lo que anda haciendo tan lejos?

Viajo a diferentes partes del mundo porque me dedico a vender libros. Ahora si me permite me gustaría leer el menú Plutarco estiró el brazo para tomar la carta de alimentos y antes de que terminara la frase la mesera interrumpió.

Creo que no le va a gustar lo que tenemos. Dijo en tono muy segura, retirándole la carta.

Pues yo creo que sí, porque con el hambre que tengo cualquier cosa es buena. Plutarco extendió nuevamente el brazo para tomar la carta. La mesera se encogió de hombros (o al menos eso pareció) y dijo resignada:

Bueno… pues aquí la tiene. Entregó la carta de alimentos al vendedor de libros y esperó en un lado para escribir la orden.

A ver, a ver ¡Explíqueme! ¿Qué son estos platillos?

MENÚ

Vocales preparadas con salsa de tomate.

Consonantes agridulces.

Palabras extravagantes preparadas al gusto.

Crema de minúsculas.

Tarta de mayúsculas.

Sopa de letras.

 

A mí ni me mire así, y no diga que no se lo advertí. Es que este es el país donde viven los monstruos come letras e incluso, algunos se comen las palabras completas.

¿Y se comen los libros? Preguntó Plutarco sorprendido.

¡Ay no! señor, ¿Cómo cree? ¿Apoco usted se come los platos? Bueno, aunque déjeme decirle… Terminó la frase hablándole en voz baja y acercándosele nuevamente al oído. Que si sale de aquí y recorre el camino de la izquierda, más adelante está el país de los monstruos come libros, y esos… sí son muy peligrosos.

¡Qué horror! Qué bueno que me lo advirtió, para no pasar por ahí, ni de broma. Aunque también es peligroso que aquí, se coman las letras y palabras de mis libros, porque algunos libros sin letras, no tendrían ningún sentido. Más vale que esconda muy bien los que traigo en mi maletín. Y por cierto, usted señorita ¿Come libros?

No, yo no ¿Cómo cree? A mí no me gustan las letras, mucho menos las palabras completas. A mí, lo único que me gusta comer… antes de terminar la frase, la mesera se acercó mucho más de lo que antes se había acercado y le habló aún más bajo de lo que antes había hablado, tan cerca del oído de Plutarco, que hasta cosquillas sintió. son los vendedores de libros, pero me gustan con bastante ajo y cebolla. Concluyó la mesera, con una amplia sonrisa en el rostro.

Nuestro amigo, el excelente vendedor de libros, al escuchar semejantes palabras, abrió enormemente los ojos, palideció de miedo y se paró de un salto. Luego corrió tan rápido como pudo para salir del lugar lo más pronto posible; pero al brincar, se le cayó el sombrero. La mesera, inmediatamente, recogió el sombrero e intentó correr tras él para alcanzarlo.

Señor, señor se le olvida su sombrero. Plutarco respondió, sin dejar de correr.

¡Quédese con él! ¡Se lo regalo! alejándose a toda prisa.

¡Bah! Para que quiero yo un sombrero. Ni me queda, además, si me lo pongo no veo. ¡Vaya! ¡Qué hombre tan miedoso! Si era sólo una broma, la verdad es que a mí no me gusta el ajo, ni la cebolla ¡GUACALA!

Plutarco después de haber corrido lo suficiente para ponerse a salvo, pensó que para no volver a correr ningún peligro jamás volvería a visitar un

lugar que no estuviera en su mapa.

 

Carta a la Muerte

 

2 de noviembre

 

 

Querida muerte:

 

¿Cómo estás? (pregunta inicial de todas las cartas que definitivamente en ésta sale sobrando, sin embargo, la escribí como mera formalidad y es que de algún modo tengo que comenzar.) Espero que te encuentres bien, aunque estoy segura que no tendrías porque no estarlo, ya que la salud o la enfermedad es cosa que no te afecta directamente de manera personal, aunque cabe aclarar, que en cuanto a lo laboral son dos estados de los seres vivos que te benefician o te perjudican en el aumento o disminución de la demanda de trabajo.

 

Te escribo estas cuantas líneas, con el único propósito de poder expresarte mis sentimientos. No cabe duda que eres un ser especialmente incomprendido, pero tu actitud deja mucho que decir, siempre tan antisocial, tan intolerante y es que además no permites que nadie te diga nada.

 

Indudablemente, tu temperamento asusta, la forma decidida y firme en la que actúas no deja margen de flexibilidad (salvo raras excepciones) y esto hace que uno huya en cuento te ve llegar. Sin embargo, estoy completamente segura, que bajo aquella túnica negra se esconde uno de los más bellos sentimientos: “la misericordia”. Eres el ser más compasivo que existe. Gracias Muerte por recoger a los desvalidos, gracias por ser la más conciente cuando todos los demás queremos alargar la agonía. Que bueno que no escuchas suplicas, que bueno que eres firme.

 

Quiero agradecerte querida Muerte, porque siempre acudes y estás cuando se te necesita, nunca antes ni después, sino en el momento justo. Porque jamás existe impedimento, porque no hay lugar imposible al que no puedas llegar, no te detiene la profundidad del océano, la inmensidad de las montañas, ni la mezquindad de la guerra.

 

Eres tan bondadosa, que abres tus manos a todo el mundo para darle a cada uno su último abrazo y quizás, en algunos casos…el único. Gracias porque acompañas a quien se despide cuando los demás nos quedamos sin remedio. Eres la única que sabe qué hacer, y actúas de inmediato cuando todos mis esfuerzos son inútiles.

 

Bueno, eso es todo por el momento y ya para despedirme, sólo quiero decirte que te admiro muchísimo porque nunca faltas a tu trabajo e incluso, en el día de tú festejo, con cariño:

 

La Vida.

 

 

 

P.D. Sencillamente gracias, nunca cambies.

La familia de colores

 

En casa del Sr. Pintor, vive la familia Matices: mamá Acuarela, papá Pincel y cinco hermanitos: Amarillo, Blanco, Negro, Rojo y Azul.

Es una familia tan especial y diferente como es la tuya o la mía. Cada uno de estos hermanitos tiene una forma distinta de ser: Amarillo regordete, es el más sonriente. Es un bromista, lo malo es que le gusta divertirse a costa de los demás, algunas veces hace burlas tan pesadas que a Negro delgado, alto y huraño, le enfadan muchísimo, ya que tiene mal carácter; en cambio, a Blanco, el mayor de todos los hermanitos, no le molestan, pues es tan tranquilo y comprensivo que le gusta llevarse bien con todos. Azul, el de en medio, es un poco silencioso pero muy inteligente, estudia todas las tardes después de comer, algunas veces se entretiene leyendo un libro, cosa que definitivamente no hace Rojo, el más pequeño, porque prefiere salir a jugar todo el día. Es tan inquieto que siempre está metido en problemas. Papá Pincel lo regaña constantemente y resuelve tenerlo cerca para estarlo vigilando, aunque la verdad, vigilarlo le cuesta un gran trabajo.

Lo que caracteriza a esta simpática familia es, que cuando juntos realizan alguna actividad, sus colores se combinan y forman otro diferente, además con ello, su tarea resulta muy divertida.

Siempre se sabe cuando a Blanco y a Negro su mamá les pide que ayuden en los quehaceres del hogar, porque forman un lindo color gris, claro que Blanco coopera bastante y Negro a regaña dientes solamente un poquito.

Mamá Acuarela ya sabe cuando Amarillo y Rojo hicieron alguna travesura, porque dejan manchas naranjas por todas partes, sólo basta seguirlas para encontrar a los culpables.

Cuando papá Pincel observa que se formó el color verde no sabe si darle gusto o no, ya que, puede ser: que Azul ha ayudado a amarillo a hacer su tarea o es que… mientras Azul leía, Amarillo lo estaba molestando.

Algunas veces cuando a Rojo lo regañan, va a buscar refugio con su hermano mayor Blanco. Éste le presta toda su atención y lo consuela en un fuerte abraso formando el color rosa.

Lo que alegra bastante el corazón de mamá Acuarela, es cuando logra observar formado el color café, pues pocas veces, Negro, Rojo y amarillo, logran relacionarse.

Rojo y Azul, como todos los hermanos, algunas veces se pelean, eso les preocupa a sus padres que quisieran que esto jamás sucediera, pero al ver aparecer un hermoso color violeta, es señal que ya hicieron las paces.

El Sr. Pintor se dedica a dibujar e iluminar todo el tiempo, por eso, ama los colores y es muy feliz teniendo a la familia Matices en su casa.

Un domingo de verano, el Sr. Pintor invitó a la familia Matices a pasear al campo. Todos se pusieron muy contentos, pues les gustaba mucho salir de excursión.

Al llegar, se sorprendieron muchísimo porque todo estaba muy descolorido, sin embargo, esto no les impidió divertirse. Amarillo, muy feliz corrió rápidamente al columpio, se dio tan fuerte y subió tan alto, que llegó hasta los brillantes rayos de sol que iluminó con su esmalte y su gran sonrisa. Azul, tranquilo y apaciblemente, tal como es su carácter, tomó un buen libro para sentarse a la orilla del lago. Con los pies dentro del agua, se dedicó a disfrutar su lectura y cuando menos lo esperó, su matiz transformó el incoloro líquido en un agradable tono. Rojo en cambio, corría y trepaba por todos lados hasta que llegó a la copa de un árbol lleno de manzanas, ahí se quedó un buen rato y cada una que tocaba la pintaba de escarlata. Al hermano mayor, Blanco, le enterneció un rebaño de ovejas que pastaban tranquilamente muy cerca de donde se encontraban, así que le pidió permiso a mamá de acercarse a ellas para acariciarlas. Al contacto con la suave lana que cubría su cuerpo, ésta parecía lucir más el radiante color de nuestro amigo. Negro, como es su costumbre, se encontraba molesto, se enojó porque tenía mucho calor y renegando se fue a refugiar bajo la sombra de un gran árbol, misma que manchó de su barniz.

Luego de un rato, después de haberse mecido hasta el cansancio, Amarillo bajó del columpio y se acercó a su hermano Azul para que éste le leyera un cuento a la orilla del lago sobre el pasto, mismo que lució de inmediato de un hermoso color verde. Pero poco le duró el descanso, porque al ver a su hermanito menor trepando entre los árboles, se unió a él sin pensarlo dos veces. Juntos subieron a la copa de un árbol y pintarrajearon sus frutos redondos de color naranja.

Blanco, a lo lejos alcanzó a ver a su hermano Negro que se encontraba sólo, así que decidió ir por él para invitarlo a jugar, al tomarlo de la mano fueron dejando pequeñas manchas grises en las piedras que pisaban por el camino. Luego les hablo a sus demás hermanitos para que los acompañaran. Al llamado acudieron Rojo y Amarillo rápidamente. Azul estaba muy lejos, así que Blanco resolvió ir por él. Como se tardaban mucho, los tres hermanos concluyeron jugarles una broma y se escondieron atrás del tronco de un árbol. Al abrazarlo, todo se coloreo de café y de esa forma, los descubrieron. Azul y Blanco corrieron tomados de la mano para no perderse el juego y en su traslado iluminaban el cielo de un hermoso y claro tono azul.

Jugaron toda la tarde: a las escondidas, a los encantados y al bote volado. En una de las carreras, Rojo se cayó y empezó a llorar desconsolado, por lo que inmediatamente Blanco y Azul llegaron a papacharlo. En cada beso pintaban una flor, una de rosa y una violeta hasta que dejó de llorar.

Pasaron las horas del día sin darse cuenta. Mamá acuarela y papá pincel les hablaron para regresar a casa y aunque estaban muy contentos, no les quedó más remedio que obedecer, porque en la oscuridad de la noche, todos los colores se pueden perder.

Ya en la camioneta del Sr. Pintor, todos reían divertidos por los juegos y las travesuras que hicieron, en eso, voltearon hacia atrás y se dieron cuenta que habían transformado el pálido campo en un hermoso paisaje colorido. Para despedirse, al mismo tiempo sacaron la mano y fueron dejando a su paso, un perfecto arcoiris de brillantes colores.

La Sra. Oly Vido

 

Hace tiempo que la Sra. Oly Vido vive en la calle Remembranza de la colonia Memoria. Los habitantes del barrio son muy amistosos y siempre lo recuerdan todo, como los cumpleaños de los vecinos, el bautizo de algún niño, cualquier tipo de reunión, todos los aniversarios (incluso aquellos a los que no asistieron y se acuerdan perfectamente el motivo por el que no fueron), nacimientos, bodas, etcétera, y lo celebran con un gran festejo.

La Sra. Oly Vido también es amistosa y amable; sin embargo, ella tiene un gran problema: todo se le olvida, tanto que se ha metido en graves aprietos. Por ejemplo, cuando olvidó felicitar a la hija de su vecina que había tenido un bebé y después de varios meses le preguntó de quién era el nene (casi se muere de la vergüenza cuando le recordaron el acontecimiento). O cuando olvidó el regalo de cumpleaños de la costurera en casa de la cocinera, y esta, pensando que era para ella, se lo quedó, así que la Sra. Oly Vido tuvo que comprar otro, pero de nuevo olvidó para quién era y nunca se lo llevó a la pobre costurera, quien quedó sin regalo; después de un tiempo vio el presente en la mesa de centro y pensó que alguna persona se lo había dejado por su cumpleaños (que por cierto, no tenía ni la menor idea de cuándo era), pero igual lo abrió con mucho gusto; lo malo es que nunca supo a quién agradecer el detalle, porque el regalo era justo lo que ella quería: ¡le encantó! Tampoco recordaba en dónde sería la próxima reunión, porque ni siquiera recordaba la anterior.

El colmo fue cuando olvidó que en su casa se iba a celebrar una cena por el aniversario de su llegada. En esa ocasión no preparó nada, y cuando llegaron los vecinos se sintió tan apenada que no le quedó más remedio que pedir algunas pizzas por teléfono, claro que primero preguntó por el número de la pizzería más cercana.

Una tarde, al salir a barrer el frente de su casa, se molestó mucho porque un coche se había estacionado en su cochera. Fue puerta por puerta a preguntar a sus vecinos quién había sido la persona tan imprudente de ocupar su cochera; nadie le supo dar razón del dueño, porque desde que la Sra. Oly Vido había llegado al vecindario ese auto estaba ahí.

Era tan olvidadiza que su estómago le tenía que recordar si ya había comido o no; incluso en los restaurantes no sabía si estaba esperando la carta o la cuenta. Cuando salía de su casa se lo olvidaba cerrar la puerta y qué bueno, porque siempre se le quedaban las llaves adentro.

Dice un viejo y conocido refrán “lo que bien se aprende, nunca se olvida” y en este caso resultó muy acertado, porque para fortuna de la Sra. Oly Vido nunca se le olvidó leer y escribir, así que tenía su casa tapizada de papelitos con notas escritas recordándole las cosas que frecuentemente olvidaba.

Tenía un fantástico despertador de varios timbres: uno le servía para levantarse y otro para cambiarse, porque si olvidaba verse al espejo, salía a la calle en pijama. Una mañana se fue a correr sin tenis y se dio cuenta cuando las piedras del camino le lastimaron los pies. Entonces, rápido se devolvió a su casa y regresó tan exhausta que pensó que ya había terminado de correr, así que decidió prepararse el desayuno.

Cuando abría el refrigerador, olvidaba lo que iba a sacar; cuando se acercaba a la alacena, no sabía para qué. Lo bueno era que tenía buen olfato y rara vez se le quemaba la comida.

Un día estaba muy consternada a media escalera, porque subió y bajó los escalones tantas veces que ya no sabía si tenía que bajar ó subir. Bajaba a la cocina y no sabía para qué, subía a la recámara y ya no recordaba qué era lo que tenía qué hacer. Así que se sentó a pensar. Pensó y pensó, luego se le olvidó qué estaba pensando.

—¡Ya es suficiente! —se dijo a sí misma—. Tengo que hacer algo.

Pero al poco rato se le olvidó por qué tenía que hacer algo, así que pasaron varios días más. Una tarde, su vecina doña Tichi (que en todo estaba) le aconsejó que para que no se metiera en tantas contrariedades por olvidarlo todo fuera a ver al famoso Dr. R. Cuerdo, especialista en problemas de… ¿de qué? ¡Ah sí!, de retención. Le dijo que era buenísimo y seguro acabaría con su problema de una vez por todas.

Sin perder tiempo, la Sra. Oly Vido decidió seguir el consejo. Doña Tichi le escribió la dirección en un papel y la acompañó a tomar un taxi. Luego en casa, ella misma llamó al Dr. R. Cuerdo para darle algunos antecedentes de la Sra. Oly Vido (no por chismosa, sino solo por si algo se le olvidaba).

Al detenerse el auto en la dirección indicada, la Sra. Oly Vido bajó presurosa antes de que se le olvidara a qué había ido, y es que lo fue repitiendo todo el camino: “Tengo problemas con la memoria, tengo problemas con la memoria, tengo problemas con..., ¿con qué?”.

Abrió la puerta, entro a la recepción y se dirigió directamente con la asistente del doctor.

—Buenas tardes.

—Buenas tardes, sí, dígame, ¿en qué puedo ayudarla?

—No lo sé, no lo recuerdo.

—Tal vez le duele algo.

—Creo que no, eso sí lo recordaría.

—¿O necesita una radiografía?

—No lo sé.

—¿Quizás un estudio médico?

—¿Y para qué iba yo a querer un estudio médico?

En eso estaban cuando el Dr. R. Cuerdo asomó la cabeza por la puerta de su consultorio.

—¿Quién es la siguiente paciente? —preguntó a su asistente.

—Es la señora…, pero no recuerda qué es lo que le pasa.

—Ah, ya sé, no se preocupe, que pase.

La Sra. Oly Vido pasó con cierto temor, porque pensó que el doctor tal vez la estaba confundiendo con otra persona. Al ver el doctor la cara de contrariedad que tenía la pobre mujer, le habló con más confianza.

—Seguramente usted es la Sra. Oly Vido, quien tiene problemas por la mala memoria. Ya su vecina doña Tichi me contó su caso por teléfono. Le voy a recetar un té buenísimo y unas pastillas. Su vecina le llamará por teléfono cada seis horas para que se tome una taza de té de repaso con dos pastillas de saber y en muy poco tiempo notará la diferencia.

—Muchas gracias, ¿doctor…?

—R. Cuerdo.

—¡Ay, qué pena!

—No se preocupe. He atendido muchos casos como el suyo, ya estoy acostumbrado.

La Sra. Oly Vido volvió a su casa pero muy pronto se le olvidó qué era lo que tenía que hacer.

Riiiiing, sonó el teléfono.

—Buenos días, vecina, ¿ya se tomó el té y las pastillas?

—¿Cuál té?, ¿cuáles pastillas?

—El té repaso y las dos pastillas de saber.

—Oh, sí, las tengo en la mesa. Gracias —la Sra. Oly Vido se tomó inmediatamente las pastillas con el té.

Un poco después abrió el refrigerador para preparar la comida y casi recordó todo lo que necesitaba sacar; y es que normalmente duraba tres horas metida en la cocina; ahora solo tardó dos.

Después de cuatro horas más, riiiiing, sonó nuevamente el teléfono.

—Sra. Oly Vido, recuerde tomarse las pastillas del saber y el té de repaso antes de acostarse.

—Sí, muchas gracias doña Tichi.

La Sra. Oly Vido fue a la cocina e instantáneamente recordó en dónde estaban; eso sí que fue un milagro. Se tomó las pastillas y el té y se fue a dormir.

A la mañana siguiente, riiiiing, sonó el aparato. La Sra. Oly Vido se llevó un gran susto, pues nadie le hablaba a esas horas y pensó que pudiera ser algo grave, por lo que contestó apresuradamente.

—¿Bueno?, ¿qué pasa?

—Nada, no se preocupe —doña Tichi había escuchado la voz alarmada de la Sra. Oly Vido y trataba de calmarla—. Soy yo, su vecina.

—Ya sé para que me habla, ¿puede creerlo?: hoy puedo recordarlo. Esas pastillas de saber y el té de repaso han sido como un milagro. Muchas gracias.

Se levantó y se dirigió a la cocina a tomarse sus pastillas y recordó que tenía que ir a pagar los recibos del agua, la luz y el teléfono, que ya se le estaban acumulando en el buzón del correo. Salió y cerró la puerta, pero no recordó sacar las llaves, y al regresar de nuevo a casa tuvo que brincarse por una ventana.

Más tarde escribió una lista de las cosas que necesitaba comprar en el supermercado. Al salir de su casa se sorprendió al ver qué sucio estaba su coche; parecía que no lo había lavado en meses, o en años, así que primero se dirigió al lavado de autos y luego al supermercado.

Durante el camino pudo recordar aquellas calles por las que tenía que ir y sin extraviarse llegó en mucho menor tiempo, en comparación con otras ocasiones. Ya en la tienda compró todo lo de la lista.

Cuando se dirigía hacia la caja de cobro tuvo una sensación muy extraña: sentía que algo debía recordar. Quizá sería algún artículo que necesitaba para la cena y que olvidó escribirlo. Se detuvo, vio las latas, las bolsas de semillas, las pastas para sopa, las cajas de cereal, los frascos del aceite y pensó que nada de eso requería, así que siguió por los pasillos; sin embargo, esa extraña sensación no se le quitaba. En eso pasó caminando frente a una torre de cajas grandes de cartón y sin detenerse fijó su vista en la etiqueta que decía: “Manéjese con cuidado, artículos de limpieza”. Luego escuchó el grito de un joven empleado de la tienda que decía:

—¡Señoraaaa, cuidaaaado! Hay jabón tirado y el piso está… resbaloso —no había terminado la frase cuando los pies de la Sra. Oly Vido patinaron, y al tratar de detenerse con su carrito de mandado lo empujó hacia el frente tan fuerte que al topar con la gran torre de cajas derribó la que estaba encima de todas. Todo sucedió tan rápido que no tuvo tiempo de hacerse a un lado. La Sra. Oly Vido ya había caído al suelo aparatosamente y la gran caja se precipitó sobre su cabeza.

El joven trató de llegar lo más pronto posible para evitar el accidente, pero ya era demasiado tarde.

—Señora, ¿está usted bien? —preguntó preocupado; la Sra. Oly Vido no pudo contestarle porque estaba inconsciente, así que el muchacho llamó a la ambulancia inmediatamente.

—¿Qué pasó, joven? —preguntó el paramédico.

—La señora estaba distraída y no vio el letrero que decía “prohibido el paso, zona peligrosa”.

—¿La conoce?

—No estoy seguro, me parece haberla visto antes, pero creo que solo es una cliente más de la tienda.

Como no recobraba la conciencia, los paramédicos la subieron en una camilla y sin perder tiempo la trasladaron al hospital. Cuando desaparecieron de su vista, el joven se rascó la cabeza y pensó: “Qué raro, pasó exactamente lo mismo hace algún tiempo”.

Cuando por fin la Sra. Oly Vido reaccionó en el hospital, abrió los ojos y pensó: “¡Qué extraña me siento! Me duele la cabeza y todo me da vueltas”. Así que le gritó a la enfermera:

—¡Enfermera!, ¡enfermera!

La mujer acudió al momento.

—Sí, señora, dígame.­

—¿Podría usted llamar a mi marido?

—Por supuesto, necesito que me dé el número, pero primero dígame cuál es su nombre por favor y el nombre de su marido.

—Me llamo Olivia Vido y mi marido Noé C.

Cuando llamaron al señor Noé C. de parte de su esposa, contestó sorprendido: el pobre hombre tenía mucho tiempo buscándola desde aquel día, años atrás, en que ella desapareció del hospital después de sufrir un terrible golpe en la cabeza con una enorme caja mientras compraba el mandado en el supermercado.

Corrió súper rápido hasta su auto, atravesó la ciudad a toda velocidad (claro que la velocidad permitida, si no lo hubiera multado un tránsito), subió las escaleras dando tremendos saltos, caminó rápidamente por los corredores (porque no se debe correr dentro del hospital) hasta llegar a la habitación indicada, y todavía bastante agitado abrazó a su esposa llorando de alegría.

La Sra. Oly Vido se sorprendió al verlo tan conmocionado y le dijo:

—¿Qué te pasa, querido? ¡Estoy bien! Solo sufrí una caída. Pareciera que hace años que no me ves.

El señor Noé C. supo al instante que su esposa no recordaba todo lo que había pasado y tampoco que en efecto hacía años que no la veía, pero no quiso mencionar nada al respecto para no asustarla. Así que solo exclamó:

—¡Es que me da mucho gusto que estés bien!

Cuando la Sra. Oly Vido volvió a su casa, todo estaba tan cambiado que casi se muere del susto.

—¿Pero qué ha pasado aquí? No se puede uno ausentar un día porque nada está en su sitio.

—Ven, querida, quiero que nos sentemos a platicar, porque no solo ha pasado un día como tú crees.

—¿Entonces acaso fue una semana?

—No.

—¿Un mes?

—No.

—No puede ser: ¿un año?

—No.

—¿Más de un año?

—Para ser exacto fueron tres años, cinco meses, dos días.

—¿Qué? Es una broma, ¿no?

—No.

El señor Noé C. explicó a la Sra. Oly Vido que ya antes había sufrido una caída, pero que él estaba con ella en el supermercado, que él mismo la llevó al hospital, y como no recobraba la conciencia se había tenido que quedar internada:

Yo tuve que regresar a casa e ir a trabajar, pero cuando volví al hospital ya no estabas le contó muy afligido. Llamé a la policía, a los bomberos y al (todo el) mundo entero; te busqué por todos lados y nada supe de ti, hasta hoy que me llamaron.

—¿Pero qué hice yo durante este tiempo?

—No lo sé. ¿No puedes recordar algo?

—No, no recuerdo nada, pero tengo una idea. Supongo que traía bolso, ¿o no?

—Sí, lo tengo yo, me lo entregó la enfermera.

Dentro de su bolso, la Sra. Oly Vido encontró unos recibos de agua y luz en donde venía una dirección. A la mañana siguiente los dos fueron a buscar la dirección. Cuando llegaron a la casa, salió doña Tichi presurosa.

—Sra. Oly Vido, ¿pero qué le ha pasado?, ¿en dónde ha estado? Todos estábamos muy preocupados por usted.

—¿Me conoce?

—Pero cómo no la voy a conocer, si he sido su vecina durante más de tres años.

—Entonces platíqueme de mí, porque yo no recuerdo nada.

—No se preocupe, eso es muy común en usted. Pasen a mi casa, que yo les cuento todo.

Los tres pasaron a casa de doña Tichi, y ya en la sala les contó desde que la Sra. Oly Vido llegó al vecindario. Los tres se reían divertidos de los olvidos y los problemas en los que se metía. Luego el señor Noé C. les narró lo que él había pasado y por último contaron a doña Tichi el accidente que tuvo la Sra. Oly Vido en el supermercado.

Ya aclarada la situación se despidieron de doña Tichi y le dieron su nueva dirección para que los visitara.

Y colorín, colorado esta historia se ha acabado. Espero que no se me haya olvidado nada.

¡Ah, sí!

Si se preguntan qué pasó con la casa de la Sra. Oly Vido en donde vivió más de tres años, no hubo ningún problema, porque como olvidó pagar la renta, de todas maneras ya la iban a desalojar. Y respecto al té de repaso y las pastillas de saber, es muy cierto que son buenísimas: hoy me las tomé y pude contarles esta historia.

 

Letargo

 

El frío acalambraba sus viejos huesos encorvados; con paso lento y tembloroso recogió un par de leños para avivar el fuego que ya se consumía en el fogón; con dificultad arrastró una pesada silla de madera y al sentarse sus ojos quedaron penetrados en las llamas que ardían con nueva fuerza. Poco a poco empezó a sentir tibieza en el rostro, pero la espalda le dolía con un ardor profundo; se echó una manta encima y aún así, agujas penetraban hasta la médula, ¿acaso sería el cansancio de ese día o la pesada soledad que la acompañaba?. Dejo escapar un gran suspiro de añoranza reprimida sin siquiera parpadear; se sentía hipnotizada ante los intensos colores que se formaban y combinan en el fuego. Primero imaginó siluetas, luego vio rostros, sus pensamientos la regresaron al pasado, aparecieron personas: sus padres y hermanos, ella misma en su niñez, recordó al amor de su vida, viajó en el tiempo hasta el momento de dar a luz y estar con cada uno de sus hijos, besar sus rostros y percibir una dulce sonrisa. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué ahora estaba sola? Al momento, como una bala que atraviesa el corazón recordó aquel día lúgubre de abril en el cual había perdido a su familia, día que había borrado del calendario y clausurado de su mente para siempre; sus ojos dejaron rodar lágrimas contenidas en espera de un milagro que jamás apareció. La vida le había sonreído sólo hasta la mitad de su existencia y aún así no renegaba de Dios, fiel a sus creencias daba gracias al aparecer la mañana y pedía perdón al ponerse el sol, día tras día, año tras año por más de tres décadas. De repente, sin perturbarla de aquella concentración, una voz suave susurró su nombre en el oído, cerró sus ojos, escuchó con atención, ella conocía esa voz. Ya no tenía frío, ya no tenía cansancio, tristeza ni dolor, solo sentía una paz que inundaba su interior.

– Sabía que vendrías, hace muchos años que te espero junto al fuego. 

Poemas

 

Me gustaría



Me gustaría…

Que al pasar de los años,

cuando ya estemos viejos,

cuando ya esté cansada;

despertar a tu lado,

descansar en tu hombro,

anochecer contigo,

amanecer sin prisas.

Descubrir tu mirada

iluminando mi alma,

sorprenderte sonriendo

contemplando mi cara.



Me gustaría…

Recorrer el camino,

compartiéndolo todo;

que me guíes o te lleve,

que me jales o te oriente,

sin soltarnos la mano.



¿Qué es amor?

El amor no es, introducir entre mis muslos tu deseo,

Es… introducir entre tus sueños mis anhelos.

El amor no son caricias, besos y jadeos para sofocar el día,

son: besos, caricias y sonrisas para subsistir la vida.

El amor no es, buscar el temblor de mi cuerpo satisfecho,

Es… estremecerlo al encontrar tu mirada al asecho de mi alma acorralada.

El amor no es, decirte que te amo en lo oscuro de la alcoba consumidos en la cama,

Es.. escuchar un te amo y reconocer en tu voz, esa luz de palabras que iluminan mi alborada.

El amor no es, dejar el dolor a un lado,

es, compartir la tristeza,

es, fundir entre tus brazos cada pena de mi alma,

es, derramar un torrente de lágrimas acumuladas y con soplos de tu aliento mirarlas evaporadas.

Amar no es perseguir ni esperar, no es llenar ni vaciar, no es pedir ni entregar, no es dejar ir ni aferrarse…

Es sencillamente estar, es bailar al mismo paso, contemplarnos como olas cuando vienen y se van, aceptar las diferencias, compartirnos lo que somos, disfrutarnos cada día, es sentir la vida en paz.



Cadena perpetua

 

Te acusaré de ladrón,

porque has robado la calma de mi ser.

Te acusaré, de invadir mi propiedad,

porque has penetrado sin permiso en mi corazón

Te acusaré de daños en propiedad ajena,

porque has destruido mi vida equilibrada.

Te acusaré de manipulador,

porque con detalles he cedido a tus caricias.

Te acusaré de homicida,

porque has asesinado mi independencia.

Te acusaré de secuestro,

porque me has privado de la libertad que tanto amaba.

Te acusaré de fraude,

porque te has adueñado de la mitad de mi mundo.

Te acusaré de espionaje,

porque has interferido en las conexiones de mi mente y no me dejas pensar con claridad.

Y ojalá, ojalá se haga justicia y el juez te de la sentencia y te condene a vivir para siempre a mi lado,

sin derecho a amparo, sin derecho a fianza, ni reducción de pena.

 

 

Herencia

La mente se enmudece

Cuando el corazón reclama

Y hoy mi corazón amedrentado

solicita su presencia

le hace falta el brillo de su mirada

La sonrisa de sus labios

La fuerza de su carácter

El apoyo de sus manos.



Su mirada del que sabe

Su consejo del que entiende

Su impasible actividad

Y su gran preocupación.



Hizo todo cuanto pudo

Lo que pensó más propicio

Lo que sintió favorable

Lo que creyó más prudente



No era un roble inquebrantable

No era un cedro, ni era un pino

era mucho más que eso

era un denso árbol frutal.



No era el inmenso océano

no era un río, ni era un lago

era mucho más que eso

era un fresco manantial.



Me heredó todo un pasado

De innumerables recuerdos

Y es que ahora que lo extraño

Me doy cuenta cuanto le amo.

 

 

Locura

Conduzco mi camino al precipicio

Loco de ti, loco por ti y loco sin ti

Ya ni de ti depende mi cordura

No como, no duermo, no hablo

Ni salgo de esta obscura habitación

Por el desquicio

El segundero de mi cerebro se destrampa

Bastó un descuido para estar del otro lado

De la luz a las tinieblas

Del brillo a la penumbra de las sombras

No voy a regresar, no hay vuelta atrás

Seguiré ese sendero irreversible

Porque yo mismo despedacé el hilo

Hilo invisible del que pendía mi juicio.

 

 

Como decirte ahora sencillamente gracias

Como decirte ahora sencillamente gracias

Cuando me has entregado la mitad de tu vida

Cuando has ido a la par por todos mis caminos

Cuando te has adaptado a aquellas circunstancias.



Como decirte ahora sencillamente gracias

Cuando hemos compartido la dicha de ser padres

Cuando hemos superado amargas experiencias

Cuando has hecho tuyas todas mis alegrías.



Como decirte ahora sencillamente gracias

Cuando has dejado a un lado tus metas, tus anhelos

Cuando has padecido lóbregos desengaños

Cuando me has perdonado en todas las desgracias



Como decirte ahora sencillamente gracias

Cuando has abandonado tu ingreso y profesión

Cuando has sido madre, esposa, ama de casa

En un ciclo continuo sin remuneración



Como decirte ahora sencillamente gracias

Cuando un día prometimos unir nuestros destinos

Cuando también nos quisimos con todos los sentidos

Cuando ya fuimos todo y ahora no somos nada



Y como agradecerte

Todas y tantas cosas

Que en la vida me has dado

Al final de este amor



Como decirte ahora sencillamente gracias

Sin que se escuche falso

Cuando le sigue un Adiós.

 

 

Compañía

Cuantos poemas se pueden leer en una hoja en blanco,

Cuantas melodías se escuchan en silencio,

Cuantos recuerdos evoca una silla vacía,

Cuanta compañía brinda la soledad.

Sin escribir, sin hablar, sin estar, aún existes.

Como cuando la hoja se llenaba de palabras,

Como cuando las notas emanaban de tu boca,

Como cuando ocupabas un lugar en esta mesa,

Como cuando disfrutaba tu dulce compañía.

Sin escribir, sin hablar, sin estar, aún existes.

 

 

El hubiera

Mi presente se oscurece

con un hubiera perverso

que carcome el corazón

y transporta los sentidos

a un ayer artificioso

que nunca se presentó

para engañar a un mañana

tan ingenuo como el hoy.

 

La mente es tan poderosa

que confunde lo pasado:

querer ser lo que no fui

reemplazar la realidad

y consumar algún acto

que jamás sucederá.

 

Reconozco que el hubiera

denota tal conmoción

que si el hubiera existiera

no estaría en donde estoy

no tuviera lo que tengo

y no sería quien soy

tal vez... tal vez ni siquiera

hubiera tenido valor

de levantar la mirada,

ver en otra dirección.

 

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